MALOS (¿o buenos?) TIEMPOS SOPLAN PARA EL OPUS DEI

Publicado originalmente en Opuslibros.org

Malos -para mí que buenos- tiempos soplan para la Obra (la Firma, la Compañía, la Marca, el establisment, el kukusklan) y por ende a sus súbditos, que no saben dónde estuvieron ni dónde están ni dónde estarán. Cuando hablo de súbditos me refiero a numerarios, agregados y a algunos supernumerarios, en sus vertientes masculina y femenina. Los sacerdotes ya no saben si pertenecer a la Sociedad de la Santa Cruz es lo mismo que ser del Opus Dei y los sacerdotes numerarios tampoco saben qué tiene qué ver que un día se comprometieran a ser laicos y de la noche a la mañana se vieran ordenados en virtud de la obediencia o generosidad. Tienen tal lío cada uno de los pocos seres pensantes que quedan ahí (los muchos más que en su día fueron seres pensantes, de los pocos que quedan, ahora son seres durmientes que con tomarse las pastillas para “perseverar” ya tienen suficiente), que el “exceso de realidad” de lo que ven y viven -más la lectura de Opuslibros-, les cruje y les sobrepasa. “¿Pero dónde estoy?”, se dicen. “¿Cómo me engañaron tan fácilmente?”…

No quisiera estar en la piel de Prelado ni de los consejeros y delegados de la “labor de san Miguel”: ya no les quedan respuestas a no ser la repetidas como autómatas y que, afortunadamente, los que van en busca de ellas también se las saben: “no cuela”, les dicen; “¿no tienes otra respuesta nueva?”. El castillo de naipes se desmorona y la Obra se vacía. No hay directores capaces de resistir tanto desencanto/desencuentro porque ya no les sirven las frases estereotipadas para retener a otros, sino que no les sirven para retenerse a ellos mismos. Se van consejos locales en pleno cada curso… Los sustituyen con otros directores que se van también en pleno al curso siguiente.

Cambian a un sacerdote numerario que se bajó a la realidad con los que “se van” y de paso destrozan un centro de supernumerarios porque el que le sustituye es un “talibán” recién ordenado que no tiene ni idea de qué ha sido la historia de ese centro ni de sus personas/almas que en él se formaron y se desencantaron. Los que resisten ponen su esperanza en “un milagro”.

Pero los milagros de fondo y de raíz no se dan. Hubo un “milagro” hace poco más de 10 años: ¡¡las numerarias ya pueden llevar pantalones!!. Ufff!: ¡qué cambio tan radical y fundamental!. Ningún “milagro” en cuanto a la guarda de la confidencia en la dirección espiritual, tampoco ninguno en cuanto a la coacción a adolescentes, ninguno a quererse como hermanos, menos aún en no hacer infelices a sus “fieles” (antes “socios” y ahora según el Código de Derecho Canónico sobre las Prelaturas Personales, simple y llanamente “cooperadores”). Desgraciadamente para el Opus Dei y sus súbditos, los milagros sólo se dan para las que pierden su dentadura postiza en una playa y se la encuentra un pescador al día siguiente. Escrivá se ha convertido en un santo milagrero de “lo ordinario”. Él, que tan poco de ordinario quería aparentar, ¿quién se lo iba a decir?

“La Obra” = “la Firma”=  “la Tapadera”, es un cadáver en descomposición -afortunadamente para unos y desgraciadamente para otros a los que ‘la historia de una decepción sólo es una verdad conocida antes de tiempo’ (Milan Kundera)-. Ordenan presbíteros (sacerdotes) que se irán en pocos años y a los que echaremos una mano en Opuslibros (sus ex-hermanos) pero no el Opus Dei (su “familia sobrenatural con lazos más fuertes que los de la sangre” -sic. Escrivá-. Qué idiotez -la de Escrivá y sus sucesores- tan desconocedora de la realidad y de la mínima psicología). Una “familia” no se crea a raíz de la designación de las 8 o 10 personas que van a vivir en un centro, por decreto, criterio, praxis, norma o costumbre. ¿Por qué tantas pastillas para sobrevivir? ¿Por qué tanta depresión? ¿Por qué se ha dado recientemente “el criterio” de que se les dispense de la vida de familia a tantos y a tantas numerarios y numerarias? ¿Por qué hay tantos y tantas numerarias que ahora viven como agregados y agregadas sin una llamada de parte del centro al que siguen perteneciendo para ver cómo están? Porque los centros de numerarias y numerarios son un caos, un “sálvese quien pueda” a costa de amargarle la vida al resto, un verdadero artificio donde cada una/uno busca su válvula de escape con tal de no llegar a punto a la hora de la tertulia de la comida (en la actualidad prácticamente inexistente) o de llegar a los últimos minutos de la tertulia de la noche (para hacer acto de presencia y a continuación irse a su habitación donde pueden hablar por el teléfono móvil con sus amistades reales, entrar en internet para descargarse películas y participar en chats, y por supuesto, olvidarse de que están en el Opus).

Me dice un sacerdote que las válvulas de escape para las numerarias/os -imagino que también para las agregadas/os- son actualmente el vestir (ir a la última moda), la comida y bebida, un buen coche… Todo muy sobrenatural. Yo no voy a juzgarlos ni mucho menos, puesto que me parece muy lógico que tengan “razones para vivir y no para morir”, sean sus válvulas de escape las que sean. Yo también tengo mis válvulas de escape que pueden coincidir o no. Una vez que ya estoy fuera de la obra y no tengo que dar cuenta a ningún director de turno, hago lo que quiero y me da la gana, pero de verdad. Lo triste creo yo para compensar una vida de sufrimiento que Dios no envía, es tratar de sobrevivir en un mundo artificial donde una familia no es una familia, donde la pobreza no existe sino para los que trabajan en las labores internas, donde el celibato sigue siendo obligatorio para las mujeres numerarias/agregadas pero perdonado para los numerarios/agregados (ellos no se embarazan y siempre serán “ellas” las que les han provocado…).

Los que siguen dentro saben lo que hay. Los que los “dirigen”, también. Sólo queda esperar para saber quién saldrá antes: si el dirigido o el director. No hace falta discurrir mucho: el director. Y así andan, que no saben a quién poner en los consejos locales puesto que “el exceso de realidad” les anula para las labores de gobierno. Y como la dirección espiritual se confunde con las labores de gobierno y uno ya no sabe dónde está ni por qué está ni mucho menos sabe hacerse uno con el otro para ayudarle, lo que fue el Titanic-Opus ahora es una barquichuela rota. Como escribió Lope de Vega: “pobre barquilla mía, entre peñascos rota, sin velas desvelada, y entre peñascos, sola”.

Una mentira no se puede perpetuar “in aeternum” y al opus le llegó la hora de dar cuenta a sus propios “fieles”. Los “fieles” ya no comulgan con ruedas de molino. El prelado y su séquito tienen bastantes cuentas que dar, no ya a los que nos fuimos sino a los que aún están dentro. Que el regreso al mundo real les sea leve y sufran lo menos posible. Ojalá se den cuenta pronto que ellos no fueron los que fallaron y que tiene muchos años de vida por delante para ser de verdad, cristianos corrientes en medio del mundo.

Un saludo,

Compaq

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: