Carta a un menor de edad, que se va del Opus Dei

Artículo publicado originalmente en Opuslibros.org

Carta a un hermano que se va del Opus Dei

Hola hermanito:

No se qué hacer contigo, tengo las manos atadas porque no eres mi hijo, sino mi hermano. Yo no consentiría jamás que papá y mamá me dijeran nada sobre la educación de mis hijos, así que yo tampoco puedo decirles nada sobre ti. Ya lo hice una vez y lo único que conseguí es que nadie volviera a decirme nada sobre ti. Se lo dije a papá y mamá, me parecía una barbaridad que te plantearan la vocación con 14.5 a ti y a cualquier niño. Cuando ellos decidieron hacerse de la obra ya era mayores, estaban casados y ya habíamos nacido los mayores , ellos no saben lo que se sufre cuando te acosan de esa forma para que pites y cualquier conversación deriva siempre en la entrega o Dios y en tu falta de generosidad si no aceptas los planes que Dios tiene para ti desde toda la eternidad.

Yo también tenía 14 años cuando todas las del centro, el cura y una que vino de la delegación veían claramente que yo tenía vocación ¡y nada menos que de numeraria!. Yo estaba muerta de miedo, así que me reboté y me alejé. Pero entre los remordimientos y las insistentes llamadas de las del centro otra vez volví a aparecer por el club. Y así estuvimos un montón de años. Yo no entendía cómo Dios podía hablar con tanta gente sobre mi y cuando yo hablaba con El a mi no me decía nada de eso. Bueno el resto de la historia la sabes más o menos, tras muchos años de rebotarme y volver, al final pité con 23 años como supernumeraria y lo dejé cinco años más tarde. Lo que no sabes es lo difícil que me resultó salir; pero eso te lo contaré más adelante porque no quiero desviarme del tema…

Se que esto no te va a gustar pero eres el más frágil de todos los hermanos. El más sensible y el más manipulable, no se si es porque eres el más pequeño de todos, además le das muchas vueltas a las cosas. Y a mí me da mucho miedo que sigas adelante con esto de ser numerario, porque creo que vas a sufrir mucho. Y tu dirás que yo no entiendo nada, que me fui y perdí la visión sobrenatural y no comprendo ni tu entrega ni tu vocación.

Tú ahora tienes edad de descubrir el mundo, de salir con chicas, de enamorarte y de que te den calabazas y de cogerte una buena cogorza el sábado por la noche y así poco a poco irás aprendiendo a conocerte, a saber hasta dónde puedes llegar, a ponerte tus propios límites y a saber cuando tienes que parar. Y sobre todo a tomar decisiones por ti mismo, a ver las consecuencias de tus actos y aprender de tus errores y tus aciertos, eso es la adolescencia y no otra cosa. Ahora estás en edad de sentirte identificado con tus iguales y no con tus padres y con todos los del centro que son todos mucho mayores que tú.

Tú y yo hablamos poco, porque hay mucha diferencia de edad entre nosotros, además yo estoy en el bando de los malos, de los traidores y de los que no entendieron, supongo que con papá y mamá y con los otros hermanos que son numerarios si que hablas más porque ellos sí son capaces de comprenderte.

Yo sé que de los 14 a los 17 has dudado muchas veces, pero han conseguido volver a llevarte al redil. Y se de qué te hablo porque yo ya he vivido lo que tú estás viviendo ahora. Y aunque tú nunca me lo reconozcas estas Navidades pasadas volvieron a trincarte, yo estaba en la misma habitación que tú cuando te llamaron por teléfono y tú no tuviste la malicia de coger el inalámbrico y hablar a solas desde otra habitación. Y pasó lo que yo ya sabía, te convencieron, te fuiste al retiro y llegaste otra vez convencidísimo de tu vocación. Es la historia de siempre, los métodos no han cambiado. Mamá y papá me prometieron que no iban a hacer nada, ni a favor ni en contra; con 14 a ellos también les parecías pequeño y que con el tiempo tomarías la decisión cuando fueras más maduro. Pero sin querer, sin darse cuenta, no han cumplido su promesa porque con la Obra ellos nunca son neutrales, sino muy parciales y en eso no les culpo porque cuando estás dentro parece que tienes unas gafas especiales que te incapacitan para ver los cosas con objetividad.

Y hoy, cuando he caído en la cuenta de que éste es tu último año en casa, pues he perdido el sueño, bueno, llevo varias noches durmiendo mal. Se acabó. Ahora te veremos como mucho dos veces al año y nunca más de dos días seguidos. Por supuesto ni en Navidades, ni en ninguna fiesta familiar importante, estarás ausente como los demás que también se fueron, algunos ya eran numerarios/as el año que tu naciste. No conocerás a tus sobrinos. Y tus sobrinos tampoco te conocerán a ti, para ellos serás un extraño que llega a casa y sólo habla de cosas que pasaron hace muchos años porque es lo único que tiene en común con sus padres y los otros tíos que si conocen. Tampoco tendrás confianza ni trato con tus cuñados por la sencilla razón de que no los has visto más que en dos o tres ocasiones.

Sólo le pido a Dios que te de claridad de mente para salir de la obra antes de que el Padre te pida que seas sacerdote, porque si no me temo que entonces sufrirás mucho más, si cabe, si alguna vez decides salir.

Es lo mismo que pido para los demás hermanos que todavía son numerarios, que Dios los ilumine y puedan salir antes de que estén completamente destrozados. Yo los conocí a todos antes de entrar y te aseguro que no son ni sombra de lo que eran, aunque traten de disimular. La mas dicharachera es hoy una persona seria y hasta malhumorada y los demás, están empeñando su vida y su juventud en labores internas, después de haber renunciado a sus prometedoras carreras profesionales, eso sí “libremente” como se hace todo en la Obra. No entiendo como nuestros padres, que vieron a alguno de sus hijos pitar con 14 años y salir destrozados con 19, te han dejado a ti que pites con 14, parece como si aquello nunca hubiera pasado. No te cuento la historia porque se que tu hermana la desertora te lo contó todo una noche. Menos mal que por lo menos ella pudo salir a tiempo y encauzar su vida.

Ya no te digo nada más, no se si seré capaz de escribirte otra vez por que se me cae el alma a los pies cada vez que pienso en ti y en los que siguen dentro.

Sólo quiero que sepas que siempre estaré aquí para lo que necesites y te diré lo que me dijo a mí una numeraria que sin saberlo me ayudó a salir. ” Lo que no te da paz, no es de Dios, lo que te hace ser una persona triste y amargada no es Dios y lo que te hace dejar de ser quien eres tampoco es de Dios.”

Un beso.

Indira

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