Archivos para Captación por el Opus Dei

Entrevista con Nerea Camacho, protagonista en ‘Camino’ la última película de Javier Fesser

 

EL FILM SE ESTRENA EN TODA ESPAÑA EL PRÓXIMO 17 DE OCTUBRE

La actriz de ‘Camino’ no sabe de Opus ni de beatos. Sólo quería emocionar al público

ELPAÍS.com

VER TAMBIÉN:

CRÍTICA DE CARLOS BOYERO: Los monstruos imponen el ‘Camino’ del Opus Dei

‘Camino’ de amor y muerte. Javier Fesser habla de su película sobre el Opus Dei y sobre Alexia González-Barros y González

EL PRIMER TRAILER DE ‘CAMINO’, la nueva película de Javier Fesser

María Ángeles y Francisco se miran asombrados en la cocina de su casa en Balanegra. “¿Quién nos iba a decir que ese viaje a Madrid traería todo esto?”. Su hija pequeña les ha revuelto la vida. Tiene 12 años, se llama Nerea y es la protagonista de Camino, la última película de Javier Fesser que se estrena el viernes y que está inspirada en la vida de Alexia, la menor de una estricta familia religiosa del Opus Dei que murió tras 10 meses de una dolorosa enfermedad y que en la actualidad está en proceso de beatificación. Nerea Camacho no sabe nada de Alexia. No se lo contaron. “El director me explicó mi personaje, cómo era la niña que el espectador tenía que conocer, qué era lo que debía hacer para emocionar al público. Me dijo que hablara con mis ojos, pero no sé quién es Alexia”, dice modosa y formal, en uno de los pocos restaurantes abiertos este mes en Balanegra (Almería), pueblo jornalero de apenas 2.000 habitantes, a 10 kilómetros de El Ejido.

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EL OPUS DEI, INVESTIGADO POR ROMA: Benedicto XVI ordena a dos visitadores canónicos examinar la Prelatura

Fuente: RD Religión Digital Lunes, 21 de enero 2008

¿Se acabó la buena estrella de la Obra en Roma? Según informaciones fiables, la Santa Sede ha decidido abrir una investigación sobre la naturaleza y actividades del Opus Dei, meses después de que fueran investigados los Legionarios de Cristo, cuyo Fundador y Presidente, el padre Maciel, fuese apartado de su cargo y recriminado por sus conocidas actividades pederastas.  La investigación sobre el Opus, conocida eclesiásticamente como visita canónica, será realizada por dos visitadores, uno italiano y otro español.

En bastantes ocasiones, el Opus ha sido criticado, dentro y fuera de la Iglesia, por su extremado secretismo, sus actividades proselitistas con menores de edad, y sus peculiares formas de confundir la dirección espiritual con la confesión sacramental, entre otros cargos. En Roma, se especula que la visita canónica vaticana tiene que ver con estas y otras actividades “sospechosas”.

La peculiar estructura canónica del Opus, su carácter de Prelatura personal, le permite no dar explicaciones a los obispos territoriales sino directamente al Papa. Ello ha hecho posible que los directivos de la institución hayan podido gozar de una libertad ilimitada en la conducción de sus negocios, en virtud de las buenas relaciones que sostenían con el anterior Papa.

Es conocido como el Opus fue utilizado por el Papa Juan Pablo II en sus dos grandes operaciones: la desactivación del Concilio Vaticano II y la transformación política de los países comunistas. De hecho, el Opus Dei estuvo bastante implicado en la ayuda económica que recibió de Roma el Sindicato polaco Solidaridad.

Pero el Papa actual, aunque también conservador, no tiene particulares lazos de amistad con el Opus y se caracteriza por una preocupación notable por la disciplina eclesiástica, en todas sus esferas. La crítica al Opus, interna y externa a la Iglesia, ha sido constante y una de sus expresiones fue la carta entregada al Vaticano suscrita por medio centenar de exsocios hace un año. Ahora, el Vaticano investiga a la Obra.

Comentarios (5)

¿Cómo capta el Opus Dei a los menores de edad?, ¿Cómo les endosa una “vocación divina” con 14 años?

 

Documento interno del Opus Dei:

 

27 PASOS PARA QUE PA [PIDA LA ADMISIÓN EN EL OPUS DEI] UNA AL MES

(Delegaciones de Madrid)

-Una chica que no conozca nada, en 6 meses pa

 

1.    Conocerla.

2.    Quedar para salir a hablar de pájaros y flores.

3.    Fomentar la amistad: deporte, excursiones, aprovechar planes divertidos que se monten desde el ctr [centro].

4.    Pisar el ctr.

5.    Empezar a estudiar en el ctr.

6.    Visita a los pobres.

7.    Encargo material o ayuda en el centro: hacer el turno, poner ornamentos, etc.

8.   Meditación.

9.   Traer alguna amiga por el ctr.

10.  Charla de formación, si es posible con amigas.

11.  Oración: enseñarle y quedar todos los días para hacerla, proporcionarle tema y siempre recoger lo que haya sacado.

12.  Dirección espiritual.

13.  Hablar todas las semanas: fijar día y hora.

14.  Círculo.

15.  Plan de vida I (10′ de oración, ángelus, visita, 3 días Misa).

16.  Curso de retiro.

17.  Plan de vida II (15′ de oración, ángelus, visita, Rosario, 3 días Misa).

18.  Convivencia de fin de semana.

19.  Libro sobre la Obra.

20.  Plan de vida III (20′ de oración, ángelus, Misa todos los días, visita y rosario).

21.  Película de nuestro Padre: devoción a nuestro Padre.

22.  Convencer al cl [Consejo local].

23.  Hablarle para pa [pedir admisión] y visita a los pobres de la Virgen, si no ha hecho.

24.  Conversación con la d [directora].

25.  Preparar conversaciones breves con el sacd [sacerdote]: que pase y le cuente lo que va viendo en la oración y sus propósitos.

26.  Romería para pedir luces.

27.  Carta.

***

Ver también:

La técnica sectaria del proselitismo en el Opus Dei

La trampa de la vocación al Opus Dei

La situación actual del Opus Dei en España

La decadencia del Opus Dei

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La Técnica Sectaria del proselitismo del Opus Dei

Comentario al punto 295 de su catecismo de 2003

Publicado originalmente en Opuslibros.org

Oráculo

Opus Dei

Sumario:

  1. Los riesgos de la acción proselitista.
  2. La manipulación de los jóvenes.
  3. El itinerario de captación.
  4. La táctica coactiva del proselitismo.
  5. El aislamiento del propio entorno.
  6. La vocación “divina” al Opus Dei.
  7. Conclusión.

El número 295 de la 7ª redacción del Catecismo de la Obra se abre con esta escueta frase: Los fieles del Opus Dei viven personalmente el proselitismo con el convencimiento de que es Dios quien llama a las almas. ¿De verdad es así? Tengo mis dudas. Sea como fuere, a la luz de ese principio conviene reflexionar sobre las causas de la sequía actual de vocaciones. Y reconocer el hecho es el obvio presupuesto para entender que algo no agrada a Dios en el “apostolado” que promueve la institución, a través de su Prelado y Directores. La negación de la evidencia, la ocultación o el maquillaje de los datos ciertos, recuerdan más al comportamiento de Adán después del affaire de la manzana, cuando llamado por Dios se oculta al verse desnudo.

Las causas de la crisis actual del Opus Dei son variadas y diversas, sin duda, pero no es difícil conectar la “sequía” de hoy con los métodos que se vienen practicando para el reclutamiento de nuevos adeptos o, dicho de otro modo, con el tipo de pastoral vocacional seguida en el Opus Dei durante estas últimas décadas. De ahí la utilidad de considerar esos métodos, en sí mismos, porque son ya demasiadas las conductas denunciadas por muchas personas, de distintos lugares y ambientes, que ya no es sólo conjetura pensar que algo no agrada a Dios, así como otras conductas no van acordes con el sentir eclesial.

El testimonio de Miguel, publicado en esta web hace poco más de un año, es paradigma de muchos otros parecidos y habla por sí mismo. Por eso la descripción fría y desapasionada de la realidad puede ayudar a comprender mejor qué está sucediendo y tal vez ayude a liberar algunas “presas” de los lazos en que a veces se enredan o se les enreda. Durante estas últimas semanas se han hecho aquí observaciones muy certeras que iluminan el tema desde distintos ángulos. Mis líneas de hoy son un modesto complemento y, por eso, tal vez reiteren algunas consideraciones que otros han hecho. No me interesa tanto la originalidad como la descripción acertada del cuadro en su conjunto.

Y, en efecto, no es difícil coincidir en el diagnóstico de que los métodos practicados en el Opus Dei -para “reclutar” vocaciones- se asemejan a una “cadena de producción” en serie, con técnicas propias de las sectas, más que al discernimiento espiritual que siempre debería hacerse ante lo que es sólo un don de Dios: es decir, la vocación, una específica llamada a la entrega total de la persona, a una plenitud de “servicio de amor” desde la totalidad personal.

1. LOS RIESGOS DE LA ACCIÓN PROSELITISTA

La pérdida del horizonte sobrenatural es uno de los mayores peligros en esta acción de proselitismo y, de ahí, muchas de las connotaciones negativas que conlleva el término. Es como si conservara el eco de las palabras de Jesús a los fariseos: removéis cielo y tierra para conseguir un prosélito y luego lo hacéis devoto de vuestras tradiciones. ¡Cuánto de esto hay -o había en otros tiempos- en las instituciones de la Iglesia!

Sin embargo, José María Escrivá siempre tuvo claro el carácter divino, sobrenatural, de su personal llamada a la fundación del Opus Dei y, en consecuencia, entendía que igual debería ser la conciencia de cuantos pidiesen la admisión en su Obra. El proselitismo no era ni podía ser un reclutar miembros a toda costa, sin la convicción de una llamada específica de Dios: en el peor de los casos, a costa del discernimiento vocacional.

Por eso, no puede confundirse la pastoral vocacional con otra cosa bien distinta: el convertir a sus agentes en sujetos infalibles del discernimiento de “aquello” que proponen y “sobre” quienes lo proyectan. O, dicho de otro modo, no existen “agentes de pastoral” que por sí mismos “crean” -otorgan, suscitan- las vocaciones, con sus tácticas o sus estrategias. Pero lo cierto es que resulta muy fácil influir en los jóvenes, sobre todo cuando han recibido de Dios un natural generoso y magnánimo: su ausencia de experiencia, el despertar de los entusiasmos afectivos , y también la natural falta de madurez, les suelen dejar inermes ante las influencias de aquellos otros en quienes depositan su confianza.

En estos casos, la posibilidad de aprovechar para sí -para los propios proyectos y planes trazados- tan buenas disposiciones, tantas cualidades y energías inexplotadas, es una tentación próxima si no se actúa con extremada finura interior y si no existe una indubitada rectitud de intención. No es difícil en efecto revestir las motivaciones espurias bajo el disfraz del celo apostólico.. Por eso mismo, la experiencia de la secular tradición eclesial ha hecho que el magisterio ordinario haya insistido en la obligación de respetar y de favorecer las decisiones plenamente libres, maduras y espontáneas.

Así, por ejemplo, el Concilio Vaticano II ha subrayado esos aspectos en sus decretos Optatam totius (números 6 y 12) y Perfectae caritatis (número12). Y, en su estela, el venerado Pablo VI insistió -en su encíclica Sacerdotalis coelibatus- en la necesidad de informar a todo “candidato” sobre las dificultades e implicaciones todas de sus decisiones de entrega. Una probada experiencia es lo que ha llevado a prevenir que, en estos asuntos, no debe forzarse nunca las conciencias con argumentos “religiosos”, que resultan falsos y falaces, ya que no se instalan en el lenguaje ni en las actitudes amorosos del hacer divino.

La respuesta a una vocación divina nunca es interiormente forzada ni menos resultado del cálculo miedoso, por ejemplo: porque “si no me entrego, pondré en riesgo mi salvación eterna”, o porque “jamás seré feliz si no soy generoso, como me dicen”, o argumentaciones análogas. A una llamada de amor, no cabe más respuesta que el amor desde el amor interpersonal. En fin, jamás un camino de entrega debería emprenderse mediando ignorancia sobre los compromisos, ni engaño ni coacción moral, ni cualquier otro tipo de sugestión que disminuya el pleno ejercicio de la libertad personal.

Si alguien se sintiera en estas situaciones, el consejo inmediato debería ser que posponga su decisión, hasta que brote de un espíritu sereno, sosegado, libre, que entiende bien y quiere porque comprendió mejor. De ahí que la tradición común de la Iglesia ha considerado que es necesaria una mayor madurez humana para entregarse a Dios en celibato que para contraer matrimonio y, por tanto, la decisión tomada sin estos elementales requisitos de libertad y madurez -o cuando ésta ha sido mediatizada por la coacción sutil o el engaño- será canónicamente inválida, aparte de moralmente perniciosa.

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LA TRAMPA DE LA VOCACIÓN AL OPUS DEI

EDITORIAL DE OPUSLIBROS 

“El Opus, dice Pániker (Raimundo Pániker entró en la Obra en 1939 y se marchó en 1966. Fue ordenado sacerdote en la segunda promoción), quiere salvar al mundo de sí mismo en nombre de Dios, pero según sus propias condiciones. Las condiciones del Opus, por supuesto, son idénticas a las de su fundador. Toda gracia que conduce a la salvación llega a los miembros del Opus Dei a través de su fundador. A través de la gracia del fundador eres lo que eres. De ahí los traumas que sufren los que se salen. Demasiado a menudo creen, y los miembros del Opus lo piensan así, que al separarse de esta fuente de gracia se ponen a sí mismos fuera de esta institución de inspiración divina e inalterablemente perfecta, y están destinados a condenarse eternamente. “El demonio actúa rápidamente -le dijo Janet Gould a su madre cuando le explicaba por qué no podía abandonar por un corto período la residencia del Opus para ir a casa de visita- y lo hará si me marcho de aqui. (Citado en el “Catholic Pictorial”, 13 de septiembre de 1981. La señorita Gould ya ha dejado el Opus). El impacto sobre los miembros del Opus es predecible. Se les separa tempranamente de su familia natural. Se les enseña a creer que la salvación es imposible, ahora que son miembros del Opus Dei, sino sólo a través de la organización en la que han ingresado. Suple su vida familiar, su medio ambiente, al menos en todo lo que no sea actividad profesional y, en muchos casos, especialmente para las mujeres, también ésta. Cuando están desengañados, por tanto, el impacto emocional es aplastante. Los que quieren marcharse no tienen a nadie a quién recurrir, nadie, fuera del Opus, con quien establecer una relación lo suficientemente estrecha como para que puedan confiar en ellos. Y también han sido educados en la creencia de que al romper sus lazos están cometiendo el pecado más infame. La salvación es transmitida a través del Opus. Sin el Opus, el antiguo numerario está condenado”. (Recogido por Michael Walsh, El mundo secreto del Opus Dei).

La vida, fuera de la Obra, tiene sus sinsabores y sus alegrías, es la vida misma, la de cualquier persona en medio de este mundo, sin privilegios, sin mamparas de cristal, pero sin otro sometimiento que no sea lo que tú quieras hacer, ser, pensar, y sobre todo ¡vivir y respirar! En la Obra empequeñecen a Dios y le hacen cómplice de una increíble tela de araña para tenernos bien aferrados con frases tan engañosas como “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave” (Escrivá). ¡Ahí está la trampa! Míralo de la siguiente forma:

Para Escrivá, irse de su obra es igual a… ¡romper la unión con Dios! (¿Cuánta soberbia se necesita para hacer una afirmación semejante?). Irse de la Obra no es abandonar la Iglesia ni dar la espalda a Dios, porque la Obra no es la Iglesia y la verdadera Obra de Dios es Jesucristo.

En primer lugar, tu vocación se le inventaron, “la vieron” ellos, pero tú fuiste captado por un proceso de “enamoramiento” o de atracción o de coacción (recuerda cómo entraste a la Obra). Aún así, si hubieras tenido vocación -¿acaso podrías elegir tener vocación de “supernumerario a los 14, 15, 16, 17 ó 18 años?,¡No!- tenías vocación de numerario/a porque el/ella -junto al sacerdote de la obra con el que te confesabas- “lo habían visto en la oración” o de agregado/a si tu nivel social o tu educación, tus peculiaridades e incluso tu físico no era el deseado, o de numeraria auxiliar, si te sacaban de un pueblo, sin estudios, de clase humilde, de donde “unas señoritas” te llevaban a la capital a “estudiar”, a “formarte” (con la tranquilidad que les quedaba a tus padres porque ibas a labrarte un futuro mejor).

Se inventaron tu vocación e involucraron a Dios haciéndote creer que Él era el que te pedía “eso”. Y tú acabaste por aceptarlo “Dómine, ut videam!”, “No querrás ser como el joven rico del Evangelio al que Jesús le dijo ’sígueme’ y al no hacerlo se quedó triste”… y tantas frases parecidas.

En cualquier caso, no seguir en una organización no es ser infiel, es una elección y la vida está llena de ellas. Imagínate que has firmado un contrato para trabajar en una empresa y cuando llevas un tiempo allí, ves que no tiene nada que ver con lo que te dijeron que era. No te gustan sus métodos de trabajo, ni te convencen sus objetivos, ni te sientes a gusto. Si decides rescindir el contrato y buscar un sitio mejor donde corra el aire, ningún estatuto ni ninguna rama de ningún Derecho, ni el sentido común tipificarían tu caso como “el del empleado infiel que quiere romper su relación con Dios”.

Imagina que estás casada con una persona que te maltrata y llevas años aguantando la situación. Si te atrevieras a plantarle cara, a denunciarle y a marcharte de su lado, ¿alguien podría acusarte de que si le abandonas, estas siendo infiel? Y si por ende, alguien te dijera que además de serle infiel, lo grave es que has roto tu relación con Dios, ¿estaría en su sano juicio quien así intentara convencerte de que siguieras aguantando? ¿Crees que Dios querría que siguieras soportando los malos tratos y que no te defendieras?

Piensa por un momento en las personas que se asocian o ingresan en alguna institución religiosa. Si en un momento de su vida creen y tienen la seguridad de que eso que eligieron ya no es lo que quieren, o ya no les vale, o creen que su evolución espiritual les ha conducido por otros derroteros, con la misma libertad que entraron (libertad que tú no tuviste), se marchan. La Iglesia, en su Código de Derecho Canónico, les ampara. Y no pasa nada, no son infieles a Dios porque a Dios se le puede servir de muchas maneras (más que servir, Dios prefiere que le quieras) y Dios sigue siendo Dios y tú sigues siendo tú y no se rompe nada, no hay infidelidad. Recuerda la frase del Padre para que no se nos olvide lo incongruente y sibilina que es: “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave”.

Para el fundador, la “infidelidad” es irse de la Obra; da igual en qué condiciones ni por qué motivos. No respeta tu libertad, no admite que pienses por libre, no acepta que seas persona ni que seas tú mismo. Y se atreve, además, a utilizar a Dios para su propia conveniencia. Por eso equipara “infidelidad” a “romper la unión con Dios” y te hace creer que si te vas de la Obra “le traicionas como otro Judas“. ¿Cómo puede alguien pensar en su sano juicio que no admitir, no entender, no poder compaginar la teoría con la práctica del espíritu del Opus Dei, después de haberlo intentado muchas veces, es “romper la unión con Dios”? ¡Si sólo es una cuestión de salud mental! La idea de Dios tiene tan poco que ver con la desolación, con la amargura, con la tristeza, con la sinrazón, con la falta de caridad, que si Dios pudiera hablar por su propia boca te diría que Él no tiene nada que ver con el Opus Dei, que no son sus métodos, que te quiere igual dentro que fuera y, sobre todo, que no es sectario y que no se inventa organizaciones en las que el que está dentro acaba buscando razones para morir y no razones para vivir.

Irse de la Obra no es “romper la unión con Dios” ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? ¡Qué burda manipulación y qué fácil de desmontar! Pero, es cierto y te damos toda la razón, sólo te das cuenta de que te han manipulado o de que lo están haciendo, cuando estás fuera o estás casi a punto de irte porque tu salud psíquica y física ya no pueden más.

Rizando el rizo, si te sirve una situación que no es la tuya pero que podrían haberte influído tanto que te sintieras una mala persona por haberte ido o quererte ir del Opus Dei, recuerda este pasaje del Evangelio: “Mujer, ¿acaso alguien te ha condenado? Yo tampoco. ¡Vete en paz!.

Y desde el punto de vista jurídico, la salida de la Obra está perfectamente legitimada en los Estatutos de la Prelatura.

Te aconsejamos que leas el capítulo III del libro de Maria del Carmen Tapia: “Crisis vocacional“. Te dará “luces” para recordarte o para que sepas cómo se utiliza el tema de la vocación en el Opus Dei. Con una explicación teológica y filosófica te lo aclarará también Antonio Ruíz Retegui, teólogo y sacerdote numerario del Opus Dei en su capítulo El sentido de la perseverancia de sus reflexiones íntimas “Lo teologal y lo institucional“. Un ex sacerdote numerario te ayudará también con su testimonio Decisión difícil, igual que puede hacerlo el escrito La vocación al Opus Dei no existe y sobre el bautismo. Lee también las reflexiones, a la luz del Evangelio, del relato del joven rico, Carta a una recién ‘pitada’ con dudas, La técnica sectaria del proselitismo del Opus Dei.

Y para ver la coacción en los argumentos que se emplean para asignarte una vocación, lee -y házsela leer a tus padres- la charla sobre la vocación del círculo. Si estás yendo a círculos, tarde o temprano te dirán eso, para que “pites”. Y para comprobar la falsedad de sus actuaciones y la frialdad de sus métodos sectarios, lee los 27 pasos para que “pite” una numeraria al mes, un documento interno del Opus Dei donde se marcan las pautas del proceso de captación y de “enamoramiento” al que te someterán si estás bajo su influencia. No caigas en la trampa.

Como declaró Antonio Pérez Tenessa*: “Una vez liberado del trauma que deja la Obra, repito literalmente contigo: Yo, por mi parte, puedo seguir asegurando que no he llegado a echar de menos ninguno de sus cuidados, de sus charlas, de sus consejos, de sus diálogos, de sus apostolados, nada. Porque era eso precisamente lo que costaba y me repelía por contradictorio. (Recogido por María Angustias Moreno en su libro, El Opus Dei, anexo a una historia).

*Antonio Pérez Tenessa pidió la admisión en el Opus Dei en 1939, fue ordenado sacerdote en 1948. Desde 1950 desarrolló el cargo de Secretario General del Opus Dei y en 1956 fue nombrado Consiliario Regional de España (cargo equivalente al actual Vicario Regional). En 1965 abandonó la institución. En 1992 publicó un artículo en el diario español “El País” titulado: “No hablaré mal de la Obra.

Otro testimonio más que te hará pensar y hará pensar y recapacitar a los reclautadores de vocaciones: “Los “pitajes” a granel y la vocación al Opus Dei“. Y otro: “La seducción del cariño: orígenes de una vocación

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El Opus Dei está detrás de las guarderías KID’S GARDEN, “educación de vanguardia de 1 a 3 años”

 Publicado originalmente en Opuslibros.org

“Ahora lo que el Opus Dei pretende es arrimarse a nuevas familias jóvenes en edad de procrear y empezar a hacer la labor desde cero. Con muy pocos y muy críticos supernumerarios jóvenes y una generación prácticamente perdida en su totalidad para la labor de San Miguel, no queda más remedio que tratar a nuevas familias para -el día de mañana- tener liquidez suficiente en los Centros de San Rafael.

Del mismo modo que se comienza en un nuevo país, así tiene que recomenzar el Opus Dei tras 80 años en España. Ahora en la Región de España se cumple literalmente aquella frase de José María Escrivá: en la Obra, siempre, en los comienzos.

Poderoso caballero es don Dinero: ya se han puesto en marcha muchos nuevos Colegios de primaria y secundaria; (aunque Escrivá dijo que el Opus Dei no tendría colegios para no igualarse a los religiosos y religiosas) y una incipiente red de guarderías para aprovechar la oportunidad de tratar a familias jóvenes en las que el padre y la madre trabajen fuera de casa y no puedan encargarse de sus hijos pequeños, una situación tan frecuente en la España actual. Así -con paciencia y con destreza- conseguir introducirse en esas familias y ganar a los hijos a través de los padres que no sospechan la trama que se teje a su alrededor”. (EscriBa, “La situación actual del Opus Dei en España”).

 

Pues va a ser que sí, va a ser que el Opus Dei ha decidido empezar a “ganarse” a las numerarias y numerarios del futuro desde bebés… porque sino, no hay manera. Si eres un padre o madre de un chavalín y buscas guardería y te topas con algo llamado KID’S GARDEN, ¡cuidado! Que el Opus Dei está detrás… aunque no lo digan.

La “red de guarderías” que se están extendiendo por España se llama KID’S GARDEN y está vinculada a Fomento (red de colegios del Opus Dei). Lo que pretenden es que las niñas y los niños que vayan a esas guarderías luego enganchen con los colegios de Fomento que se están quedando casi vacíos.

En Pamplona ya hay dos:

Kid’s Garden Mendebaldea
c/ Irunlarrea, 13 A bajo
31008 Pamplona
Tel: 948 171 994

 

 

Kid’s Garden Monjardín
(2º Ensanche, junto al club de Tenis)
c/ Monjardín 4
31006 Pamplona
Tel: 948 150 885

 

 

La web de KID’S GARDEN de Pamplona es:

http://www.kidsgarden.info/

Para alguien que conozca un poco como funciona esta secta del Opus Dei, basta con ver las FAQ de esa web, para saber qué es lo que se proponen, copio: 

 

¿Cómo podemos continuar el proyecto educativo que ha iniciado nuestro hijo en Kid’s Garden cuando vaya a un colegio?

En Pamplona los colegios de Fomento de Centros de Enseñanza El Redín y Miravalles tienen proyectos definidos en cada etapa desde Educación Infantil hasta Bachillerato que son continuación del Proyecto Educativo que desarrollamos en Kids Garden.

¡CUIDADO! Que estos del Opus Dei no reparan en gastos para conseguir captar a gente, cuanto más jóvenes y maleables, más fácil lo tienen… ¡cuidado, que no os roben a vuestros hijos!

 

Un abrazo.

LuzLópezValdés

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Como coaccioné para que una adolescente, se hiciera del Opus Dei

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Madreselva

Buenos días buena gente!

En un intento de esclarecer la verdad de los hechos, hoy voy a contaros como “pitó” conmigo, es decir, pidió su admisión al Opus Dei, la única persona a que coaccioné para que entrara en la Obra (y no diré “gracias a Dios”, aunque sea la única, pues esta responsabilidad sigue pesando sobre mi conciencia).

Vivía en un club de bachilleres. El grupo al que impartía formación, eran chiquitas de lo que antes era COU, es decir, 17-18 años. Varias se habían hecho ya numerarias los años anteriores, desde los 14. Eran una monada de crías, simpáticas y nobles como ellas solas. Yo “amigué” con una niña, de su misma clase del cole y amiga del resto, que en pocos meses pasó a convertirse en un “objetivo pitable”. Aunque a mis 22 me sentía casi su madre, pues ella tenía 17 (fi-ja-te-tú), teniamos muy buen feeling. Mi “pitable” en cuestión, era una empollona obsesiva. Tenía unos ragos de perfeccionismo académico, que le hacían sufrir y llorar frente a los notables acaecidos en su expediente. También era una niña de una inseguridad enfermiza. Pero era todo corazón y tenía unos padres con bastante pasta.

Total, que cada cual analice las causas posibles, pero desde la dirección del centro me dijeron: “a por ella”. Y fuí a por ella: ¡mi primera pitable real!. Fíjate que ilu. Total, que un día, encontrado el momento propicio, le casqué el consabido “tienes vocación de numeraria al Opus Dei, es una predilección especialísima de Dios por ti, tienes la oportunidad de hacer con tu vida lo más grande de este mundo”, etc, etc, todos argumentos de lo más disuasorios. Se me puso a llorar, pues la pobre veía acercársele el marrón desde hacía tiempo, y no paró en semanas. Entonces yo me empecé a preocupar. La vi tan agobiada, desborda por una situación, que cualquiera con las mínimas nociones de psicologías comprendería que le quedaba grande… que empecé a informar a los directores para que desmontaran “el sarao”, pues no consideraba muy festiva ni abocada a un final feliz dicha la situación. Yo tenía 22 años. Una pipiola, aprediz del “verdadero arte proselitista”. Y cuando me di cuenta de que mis dires, la dire del centro y el sacerdote, no parecían notar nada extraño, inadecuado en la situación… renuncié a mis propios criterios, siguiendo docilmente los de la dirección (me había vuelto una experta en semejantes docilidades, que aparcaban mi uso de la libertad y la responsabilidad. Era sin darme cuenta, una marioneta encantadora).

Así seguí, y seguí con saña, convencida de mi misión divina, mientras esta niña se iba derrumbando psicológicamente ante mis argumentos “invencibles”. Y llegó el día de escribir la carta para pedir la admisión. Mi pitable lloraba frente al papel. Y la escribió del siguiente modo, diciendo: que, no, que no la escribo. (Al minuto), que si. (Al otro minuto), que no, que no puedo… así alternativamente, en lo que resultaba un triste espectáculo y todo ello sin dejar de llorar. Y yo venga, erre que te erre. Solo me faltaba escribirla por ella. Como cualquiera puede comprender, una decisión del calado de entregar una vida no “vale” tomarla en semejantes condiciones de duda y coacción, por no hablar de las emocionales de la candidata. Una vez firmada la carta, yo ya muy preocupada, fuí a hablar con la directora para explicarte cómo había firmado, que pensaba “que la había coaccionado siguiendo sus intrucciones” pero eso no me “sonaba” que fuera el espíritu de la Obra. Y cual fué mi sorpresa cuando me di cuenta, que tanto directora como sacerdote, no prestaron la menor atención a mis inquietudes, dándome una palmadita en el hombro por mi “buen” trabajo, y más contentos que unas pascuas. Me dijeron que no me preocupara, que todo estaba fantásticamente bien. Y reconozco que su tranquilidad, contagió pronto mi conciencia y si hubiera tenido oportunidad, habría actuado igual con la siguiente. Eso si: con menos escrúpulos.

No sé qué habrá sido de esta muchacha. Al año siguiente, abandonó la casa de sus padres para irse a hacer el centro de estudios a otra ciudad. Era extremadamente compleja de cabeza, inestable emocionalmente y sufría mucho por la educación que había recibido y su carácter. Ojalá dejara pronto la Obra, o en su dirección alguien tuviera la caridad de decirle que “no era lo suyo”. Solo se, que con lo vulnerable que me pareció, los años que estuviera dentro (quizá aún lo está, no lo se) tuvieron que desequilibrarle necesariamente un montón. Una vocación tan exigente y perfeccionista como la de la Obra, era justo lo que no necesitaba.

Y bueno… yo tuve responsabilidad inegable en este estropicio. La anulación de mi libertad interna, se que me exime en buena parte, pero era una persona adulta, pacté con una actuación inadmisible.

¡Así pitan algunas personas!, es mi vivencia. Besos para tod@s,

Madreselva

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Superstición y vudú en la opus de Dios

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Satur

A uno le alegra que de cuando en vez se acuerden de Satur, tan simpático, y que se le eche de menos. La verdad es que sigo la página, pero mis meninges ya no dan para más. Las nuevas aportaciones, además, son muy sabrosas (Markus, Gervasio, aceitera aceitera ) y creo que son muchos los que se deben de sumar a este puzzle para completar esa cosa tan rara que se llama Opus Dei.

Porque mira que son raros…

De mí diré que, hace años, ya no tengo ninguna relación con ellos y que mi vida discurre por caminos de sencillez. Estoy muy lejos de esa gente y los miro, y me miro a mí entonces allá dentro, con simpatía, aunque me parecen como un recopilatorio de los Pecos en japonés: un coñazo. Inclusamente de los ex hay gente más pesada que una china vendiendo rosas: como muy preocupados por su salvación y la de los ex que son agnósticos, apóstatas, tralaralas, madres solteras, novias de hombres divorciados, curas en tierra de nadie y gente de mala vida… Aquí, me parece, cada uno escribe de sus cosas y no creo que sea el foro para tratar de ciertos temas. Cada uno es como es, y vive como buenamente puede. Y mejor no andar juzgando, que luego pasa lo que pasa, que uno va de guays y de chulito y un día resulta que lo ves en el coche esperando el verde del semáforo comiéndose los mocos. Pues eso.

Lo que más gracia me hace de la gente de la opus, y de algunos bastantes ex con el ramalazo militante, es la seguridad que tienen en las cosas de Dios. Eso sí, reconociendo siempre su condición de pecadores (“no soy ejemplo de nada”, “soy el que más falla” -afirman- Y uno se pregunta, “¿Qué fallas el que más?”, dime en qué, criatura. Y te contestan “pues en que muchos días no hago el minuto heroico”, o “en que a veces se me va la vista”… ¡¡¡ jodeeeeer, pues sí que fallas, sí !!!).

Digo que tienen una seguridad pétrea en las cosas de Dios. Es más: Dios está conmigo. Lo que yo digo es asín, y punto. Y lo bueno es que se lo creen. Hay que joderse.

A Dios nadie le ha visto, eso es seguro… bueno, San Josemaría sí, que hasta le decía cuando leía el periódico “¡oye, déjame, porfa!” (no es textual. Textual es más fuerte). Pero los demás ná de ná. Bueno, pues éstos te hablan de Dios como si le conocieran de toda la vida. Y hablan y hablan, y escriben y escriben, y las montan del treinta y tres absolutamente convencidos de que lo suyo es la verdad. No son mala gente, son ciegos que guían a otros ciegos. Porque si les bajamos a la arena donde toreamos todos, están en lo que estamos todos, ni más ni menos.

Se han complicado la vida, que sólo hay una, y de qué manera. Y a Dios en ella. Yo no he visto a Dios, pero intuyo que para llegar a Él no hacen falta tantas zarandajas de normas, charlas, meditaciones, confidencias espirituales, convivencias y mandangas que en la mayoría de las veces no son más que causas de escrúpulos, mentalidades ñoñas, aires de aristócratas del amor y alegrías de corral.

A uno le parece que en las cosas de Dios lo mejor es el silencio: dejarse querer para querer. Lo demás viene solo.

La naturaleza del hombre de grupito -sea el grupito que sea- está constituida en creer fácilmente en las cosas que les dicen que hay que esperar. Si sigues nuestros criterios te irá bien. Es un mecanismo muy cercano a la superstición que muchos pensadores católicos le achacan a ciertas formas de religiosidad. Algunos les llaman “mecanicismos”.

La opus está repleta de ellos: desde los más mecánicos como dar besos a crucifijos, estampas, imágenes y suelos, hasta saludar a ángeles custodios del centro, rodillazos al entrar y salir del centro, pasando por todo tipo de liturgias domésticas como cienes de persignaciones, inclinaciones de cabeza, solitarios paseos peripatéticos rosario en ristre, brazos en cruz , decenas de salmos que se repiten más que un cordero a la chilindrón, y terminando en todos los criterios de modos de vestir, maneras de sentarse, formas de tratar a la familia de sangre o, como nos contaba hace unos días un amigo, vivir el pudor no llevando pantalones vaqueros donde el culete respingón era causa de admiración de sus compañeras en la universidad… ¿Seguro que eran chicas?. Menos mal que estaba al quite el subdirector del centro de estudios y puso remedio. Es que, la verdad, se ve cada culoooooo.

Se me dirá que si todo eso se hace por amor de Dios que por qué está mal. Y tiene razón. Sólo que para hacer todo eso por amor de Dios todos los días hay que estar muy preparado, o estar como un cencerro o, en fin, ser gente muy exagerada: como una lipotimia de Raphael.

Recuerdo que durante unos años hacía la charla fraterna en la delegación con el subdirector de la misma, un chico que nació maduro y con los morros como Angelina Jolie. Total, que  un día le digo “joé, ¿sabes qué me pasa?, pues que me paso el día diciéndole a la gente que la encomiendo, que rezo por ella, y luego, ná de ná, que no me acuerdo. Y me parece que no está bien eso. Y el tío me aconseja, “tranquilo, tú cuando te levantes y beses el suelo dices “me gustaría encomendar de verdad a todos los que les diga hoy que les voy a encomendar. ¡Y ya está!”.

Me pareció una idea cojonuda. Es más, ahora mismo voy y digo “Señor, de aquí a los cinco años siguientes a todo el que le diga que rezo por él, toma nota, que va en serio. Hala, a por otra cosa, mariposa… mejor pon los próximos diez años”.

Esto de los mecanismos suena más a cosa de una pasmosa sencillez, muy lejos del amor, por cierto. Y es que cuando un conjunto de actos, por lo demás perfectamente inútiles e innecesarios al fin propuesto – la santidad en medio del mundo como uno más- se ven coronados por el éxito, el tipo tiende a repetirlos. Y acaba asociando la conducta con el premio. Y termina por creer que en cualquier circunstancia es suficiente con llevar a cabo la conducta para obtener el premio. Y que , incluso, el premio nunca puede conseguirse al margen de ese tipo de conducta. O sea, que si no rezo al ángel custodio para que encuentre aparcamiento, voy listo. Y si le rezo (es que tiene cojones el tema), pues que me sale una plaza en medio de la calle Serrano, ¡y encima es un autobús que sale de allí!, ¡¡¡oleeeeeee!!!.

El premio no es la vida eterna, necesariamente. Puede ser un estar bien consigo mismo, un fruto apostólico que se desea, una virtud que se quiere alcanzar, un milagro que anhelamos.

Conozco un médico supernumerario que receta a sus pacientes la estampa de San Josemaría. No sé, yo no me fiaría de un médico que me endilga una estampa para pedir mi curación. Para eso me voy a un sanador a que me ponga la estampa de San Genaro y me sople en la axilas y me recite el “cura sana, cura sana, cura sana cara de rana, si no se te cura hoy, se te curará mañana”. Supongo que el tal médico habrá repartido miles de estampas y, claro, alguna le habrá salido bien y, hala, a tirar de estampica, por si acaso. Es interpretar lo que es CASUALIDAD como CAUSALIDAD.

Lo que tendría que hacer ese buen médico es ponerse la estampa en el ciruelo, porque por allí el chico no anda muy fino, que se le van las manos al pulpo.

Y si funciona, que avise.

El tema de los mecanicismos roza, cuando no se sumerge, en la superstición y, a veces, parece “vudú”. Es sabido que el vudú piensa que la posesión de un mechón de cabello, unos recortes de uña, un algodón empapado de una gotica de sangre, o unos calcetines que han estado en contacto con un cuerpo, le otorga un poder ilimitado sobre esa persona, incluso provocar la muerte.

Estoy seguro que a más de uno le están viniendo a la cabeza cientos de anéldotas al respecto.

Ya digo, que son muy raricos estos chicos.

Satur

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Libertad en un centro del Opus Dei

Publicado originalmente en OpusLibros.org 

Guttemberg

Buenas Xete:

He leído hoy tu respuesta a Heavy publicada el 24 de septiembre con mucho detenimiento.

Coincido contigo en algunas de las cosas que cuentas. Tienes libertad para leer el periódico que quieras, para perder el tiempo en la sala de estar, de ver las películas que quieras sin cortes, salir de copas, ir de botellón, incluso leer opuslibros, etc… Pero creo que te equivocas en el enfoque que le das. Esta libertad no te viene dada por parte de ellos, numerarios residentes del centro, sino que forma parte de la libertad que tienen todas las personas normales que no han adquirido un compromiso para con la Obra. Ellos te pueden “aconsejar” que no veas, leas, hagas determinadas cosas, pero no tienen ningún argumento válido para imponerte que no lo hagas.

Todo esto parte de una raíz muy clara y que dejas entrever en uno de los párrafos de tu escrito: “Pero creo que pertenecemos a dos concepciones distintas de Opus dei”. Ahí está la clave. Tu concepción está basada en una vivencia del Opus Dei desde fuera, sin adentrarte en los misterios que se esconden tras las paredes del centro al que vas. Los que hemos vivido la experiencia desde dentro del Opus Dei (unos más tiempo, otros menos) sabemos lo que se cuece. Cuando estás dentro, ya seas n., agr., o sn., los directores sí pueden imponerte ciertas conductas bajo los argumentos de la obediencia debida, la vocación, el desprendimiento, la entrega, etc.., cosas a las que tú no estás obligado por ser de SR [labor de san Rafael]. Y eso que en mi último año gozaba de cierta libertad que me daba el director de mi centro (gran persona, decir lo contrario sería injusto), para irme a cenar con amigos, salir a tomar algo, hacer ciertos planes que, en condiciones normales, te aseguro no me hubieran permitido hacer. Recuerdo la primera charla del centro de estudios. El director nos dijo algo así como que si teníamos la sensación de que ahí se nos controlaba, que la olvidáramos, que el hecho cierto es que se nos iba a controlar. Así que dejó de ser una sensación para convertirse en certeza. Esto, entre otras muchas cosas, es también el Opus Dei (que tu desconoces).

Salí del opus hace casi 7 años, tras otros tantos dentro, y al principio seguí frecuentando un centro donde vivía un numerario, buen amigo mío (que lo sigue siendo) y pude darme cuenta de la artificialidad, la falsedad con la que aquellos numerarios que no sabían de mi pasado se dirigían a mí, las atenciones que te prestan, y hasta te ríen las gracias si eso puede llevar a que te incorpores a medios de formación, hagas planes, frecuentes más el centro y poco a poco te acerques más a ellos. Te puedo asegurar que gran parte de lo que haces ahora con tu novia (y no me refiero a aspectos de tu vida íntima con ella), con tus amigos, en el centro, con tu familia, no lo podrás hacer si algún día te incorporas al Opus Dei como supernumerario (o numerario si a alguno de los directores de tu centro guay le parece que tienes vocación para ello). Te dirán aquello de que una persona es igual después de pitar que antes de pitar, pero no te lo creas. Profundiza bien en todo ello. Si algún día decides pitar, verás cómo las cosas son de otro color cuando estás dentro que cuando estás fuera.

Por último te haré un pequeño reproche. No te creas que por ser de SR [de la labor de san Rafael] conoces el opus. Puedes conocer ciertos aspectos, el ambiente (viciado e hipócrita casi siempre), ciertas costumbres y modos de hacer las cosas, que será lo que ellos quieren que veas y conozcas. Cuando yo pité, nadie me había dicho nunca que tenía que usar un cilicio dos horas cada día, aplicarme disciplinas una vez por semana, ducharme con agua fría, presentar una cuenta de gastos, renunciar a ciertas aficiones, gustos, dejar amigos a un lado por el hecho de que no dan la talla o no son apostólicamente interesantes, y un largo etc… Si me hubieran contado todo eso, tal vez me lo hubiera pensado varias veces antes de pitar. Así que, Xete, no vayas de guay y de que lo sabes todo, porque creo que aún no te has enterado de la misa la mitad.

Guttemberg

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Eres la IRREPROCHABLE

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Cap.3 de ‘QUERIDA OPUS’

SATUR, 8.12.2004

Una idea sobre ti que mantienes invariablemente pase lo que pase, lo diga quien lo diga, es que eres irreprochable. Mejor: eres LA IRREPROCHABLE. Una institución que se puede aceptar sin reservas, con plena y total adhesión, que cumple todas las condiciones admitidas, ya sea de un modo expreso o tácito, para ser amada. O sea, que juegas a cara y cruz con una canica. Eres perfecta…

Una lástima. Si fueras un pelín más tolerante, si aceptaras que no siempre eres perfecta, que metes la pata, que te equivocas, que estás sometida a las limitaciones que todos tenemos, te iría mucho mejor. Ese modo de ser no te invalidaría, al contrario, te haría más humana -en el sentido que a ti te gusta de “humana como más sobrenatural”. Reconocer eso también te llevaría a decir “bueno, no está exactamente bien lo que se ha hecho, pero de ahora en adelante las cosas se van a intentar hacer de otro modo. Vamos a mejorar esto, esto y esto. Vamos a por ello”.

Lo irreprochable es posible, pero sólo con esa condición de que podemos mejorar en el futuro, de que no es algo acabado, esculpido, inamovible, acortezado, fosilizado… Y esa es la condición que te falta. Más aún, cuando alguno intenta aconsejarte algún cambio en modos de tu espíritu, de tu modo de actuar, en criterios de forma o de fondo sobre la pobreza -te lo tendrías que plantear-, o sobre la formación espiritual que das -también deberías de planteártelo- de los modos de hacer proselitismo… das la callada por respuesta y le metes una patada a seguir, como en el rugby, que lo envías donde el viento da la vuelta… que se lo pregunten a Ruiz Retegui y a tantos otros que pasaron de la planta de la Semana Fantástica del Corte Inglés a Oportunidades de Hipercor en un abrir y cerrar de ojos. Eso sucede por pensar… ¡A quién se le ocurre!: en la opus no hay que pensar nada. En la opus el espíritu es “obedecer o marcharse”.

Mira, la vida es un equilibrio entre certidumbres e inseguridad, pero las certidumbres nunca son absolutas. Hay que revisarlas, definirlas de nuevo, confirmarlas. No se puede decir, de ti ni de nadie: esto es seguro porque lo vi una vez con plena claridad. Las creencias tienen que ponerse a prueba en el tiempo, en el día a día, hay que andarlas. Nuestra conducta -la tuya también- tiene que estar apoyada en razones vitales que la aseguren y confirmen. No vale afirmar, como a ti te gusta repetir, eso de “¡te basta mi gracia!”, negando la naturaleza, el carácter, la forma de ser de cada cual. Negando las “razones vitales personales”. No somos iguales, aunque nos parezcamos.

Te olvidas de que existe una maravillosa posibilidad humana y es la de poder decir “desde ahora voy a volver a empezar”.

Eres la remamangüeva. Ayer me escribía un ex, y me comentaba que todavía no había conseguido cerrar la boca ante el comentario que le hizo uno -uno así como muy preparado y todo un Jefe de planta de la Cosa- cuando leyó la carta que éste había escrito al Perlado de la opus pidiéndole la dispensa de sus compromisos: “eres un sentimental”. Le dijo “eres un sentimental” como se dice “tú eres gilipollas”. Y todo es que el chico había abierto su corazón de par en par sabiendo que se despedía, y lo hacía a su manera. Sangrando.

¿Y ése tío qué quería?. ¿Que le escribiera “vete a tomal pol culo tú, la opus y los cien mil hijos de San Luis y dame ya la dispensa que si no te meto un guantazo que ves a Tía Carmen vestida de Popeye el marino soy…?”… pero no. Era un sentimental, el pobrín. Y el otro un capullo. Y, encima, psiquiatra.

Y es que lo llevas en la sangre, encanto. Leyendo el comentario de este amigo recordé una frase de uno -éste ya no es que sea Jefe de Planta, éste tiene hasta nombre y apellido de calle en Barcelona- que me dijo un día en Roma refiriéndose al subdirector de San Rafael de una delegación “a fulanito lo que le pasa es que tiene sentimientos y sufre cuando hay que apretar para que pite alguien, y es que los de San Rafael tienen que ser tíos muy duros. Si son sentimentales sufren mucho”. Y no le faltaba razón.

Nada. Tú a lo tuyo. A la irreprochabilidad.

Un conocido mío dejó a su mujer y contaba “se acabó con ella, chicos. Llevo días pensando sobre lo nuestro y sabía que algo se había enfriado entre nosotros. Y se lo dije: lo que echo de menos en ti no es tu piel sino tu ropa”. Nos quedamos a cuadros.

Pues contigo es todo lo contrario: lo que se echa de menos en ti es tu desnudez. Hombre, algún fallo tendrás, algún defecto, alguna mancha, alguna cosilla. Y no me vengas, que ya nos conocemos, que los errores son de las pelsonas cuelpos humanos, que sí, que también, pero me parece que tú también tendrías que hacértelo mirar. Un poco.

En la carta de Don Álvaro que nos ha colgado Orejas, por ejemplo, dice unas cosas de nosotros que uno se pregunta si está leyendo a un santo o a un tío con ganas de joderte el resto de los putos días que te queden de vida. Porque da manteca fina para hartarse. Parece que estaba escribiendo y tal, y al llegar a la página de marras, la de los ex, dijo “todos fuera, dejadme solo, que se van a enterar estos… ¡¡¡dejadme soloooo!!!”. Y a zumbarle a la badana.

¿Cómo se puede escribir así, a peso, al buen tuntún, midiendo a todos por el mismo rasero, eso de “si alguno de mis hijos se abandona y deja de guerrear, o vuelve la espalda, que sepa que nos hace traición a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos en la Obra, a todas las almas”. Sí, hombre sí, y al Barça, y a las Clarisas de Cotatuero, y a mi abuela Dolores que en culo tiene flores.

Y eso de que “se ha puesto el corazón en los encantos de una vida mundana, y en lugar de servir, se ansia sólo triunfar; en lugar de darse, tener; en lugar de Amor, egoísmo; y al fin, en lugar de negarse a uno mismo, se niega a Dios. Entonces, donde había entusiasmo y alegría, aparecen el aburrimiento y la tristeza mala…”.

Pues no, listillo. ¿Encantos de la vida mundana?: suena a “Manual de Urbanidad para señoritas”. Los encantos de la vida mundana los viví contigo, que allí se vive encantadoramente bien. No me fui ni para triunfar, a ver si te enteras, ni pata tener -tú sí que tienes y, además, no das nada gratis, que vas a cobrar hasta el agua bendita en los cursos de retiro, y que no gastas ni en bromas -. Ni me fui para ser egoísta -donde lo era, y mucho, era viviendo como un burgués en cualquiera de tus centros y casas de convivencia, que se vive que te cangas-. Ni abandoné para negar a Dios -tú lo niegas en este texto donde cuesta reconocer que el opus sea del mismo Dios que se supone que tú y yo tratamos. El Tuyo es Jehowa el Terrible.

Y de aburrimiento y tristeza mala, narices. ¡¡¡Joder con el dichoso rejalgar ya, hombre!!!.

¿Pero no te das cuenta de que así no puedes ir por la vida?. ¿De verdad que no lo ves?.

Mira, me he cogido tal rebote leyendo la carta de Don Álvaro que me voy a la calle a hacer una pintada y así me relajo, que es que me pierdooooo.

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