
“…HE OÍDO QUE EN LA OBRA FALTABAN VOCACIONES…”
19 DE MARZO, CADA UNO A LO SUYO
…LA BARCA DEL OPUS DEI SE HUNDE IRREMISIBLEMENTE:

19 DE MARZO, CADA UNO A LO SUYO
…LA BARCA DEL OPUS DEI SE HUNDE IRREMISIBLEMENTE:

Publicado originalmente en Opuslibros.org
La campaña de las 500 vocaciones de numerarios y agregados por Región y Sección ha quedado definitivamente relegada en el olvido. No sólo porque no se hayan conseguido los objetivos marcados sino porque los métodos lamentables que se emplearon han sido contraproducentes. Bueno, los -funestos- métodos han sido los de siempre, aunque aplicados de un modo mucho más férreo y descarado…
Los 500 y un nombramiento ad hoc
El 19 de octubre de 2002, en el contexto del séptimo Congreso General ordinario de la Prelatura, Ramón Herrando fue nombrado Vicario Regional de España. Sustituyó a Tomás Gutiérrez, que había desarrollado ese cargo desde 1984. Unos meses después de su nombramiento el Prelado le explica, en primicia, en qué consistiría la campaña de los 500 y, como para que al nuevo Vicario no le faltaran motivaciones, añadió: si no pitan, te decapito.
Ahora produce risa cuando se explica en la obra que el Padre no nos pidió 500 vocaciones, sino que nos dijo que teníamos que trabajar y rezar tanto como para que la Obra incrementara su labor aproximadamente en esa cifra… o los 500 es como un horizonte que tenemos que contemplar pero no un objetivo concreto…
Volvamos a los acontecimientos. Ramón Herrando -con el poderoso estímulo de perder su puesto- se comprometió con el Prelado en conseguir las 1.000 vocaciones cuanto antes, entre 2004 y 2005, ya que la Región de España es guía y modelo para todas las demás Regiones de la Obra. La intención fue iniciar la campaña de los 500 en España antes que en las demás Regiones y antes de comunicarlo a todos los miembros de a pie. Si las cosas iban bien en la Región primogénita de la Obra, sería más fácil levantar los ánimos pesimistas o derrotistas, en especial de la nomenclatura dirigente.
Se acuñó un concepto muy discutible que ha estado circulando por todas las Delegaciones, Comisión y Asesoría: Hay que acelerar los tiempos. Este término eufemístico lo he oído muchas veces de labios del propio Vicario Regional y hasta a Guillaume Derville, Director Espiritual Central. Ramón Herrando, con su escuadrón de Directores Mayores, comenzó un discreto tour por toda España visitando los Centros de Estudios para enardecer los ánimos y para hablar con Vicarios, Directores, Vocales, Encargados, Delegados, etc. Así iniciaba siempre su discurso: el Padre está preocupado porque sus hijos de España se están aburguesando… y terminaba con la transmisión del requerimiento divino de los 500.
La presión proselitista se vuelve contra la Obra
En 2004 se hizo público de puertas adentro que el Padre estaba pidiendo 500 vocaciones y la presión proselitista se radicalizó más que nunca. La presión partió de arriba -del Prelado- y en línea descendente se fue intensificando con métodos y técnicas. En estas afiladas tácticas es donde Javier Echevarría intentaba sustentar su afirmación -obsesivamente repetida desde 2002- de que en la Obra estamos en tiempos de expansión.
En las siniestras Reuniones de San Rafael semanales muchos de los jóvenes de Casa de cada Centro, junto con los miembros del Consejo local, han estado despachando las intimidades más sagradas de cada objetivo apostólico. Rellenando fichas, informes, y defendiendo a cada candidato/a a convertirse en objeto de los esfuerzos proselitistas del Centro a base de airear confidencias de modo salvaje. ¿Quieres que tratemos apostólicamente a Zutanito?, pues bien: ¡defiéndelo! Este modo de proceder extraordinariamente descarado y llevado a cabo con tanta torpeza por una nutrida piara de esos Directores mediocres ha dado al traste con la última ocurrencia apostólica del Prelado.
Finalmente parece que fue afortunada la expresión de Ramón Herrando: acelerar los tiempos, ya que la campaña de los 500 ha servido -en definitiva- para acelerar el proceso de degradación en que está sumida la Prelatura. La presión proselitista ha sido fuente de enfrentamientos y tensiones dentro de la Obra, los -pocos- frutos que se obtuvieron se han marchitado prematuramente, con la contrapartida de un gran número de bajas entre los más jóvenes a los que estos métodos (expresados tan a las claras) les partía la conciencia.
En realidad, muchos se plantean si el objeto de la campaña de los 500 era realmente conseguir esa cifra de vocaciones o -más bien- crear un slogan positivo e ilusionante con el que dar un objetivo (un sentido) al Opus Dei tras la canonización del Fundador. Un objetivo iluso y quimérico con el que entusiasmar y desviar la atención de los problemas reales que ad intra tiene la institución. De hecho, de un modo sospechoso, frecuente e intencionadamente, desde arriba, se ha difundido el bulo de que estamos a punto de llegar a los 500; algo totalmente falso.
El inesperado golpe de timón decretado desde Roma
Parece que los Directores Mayores de Roma no tuvieron demasiada confianza en conseguir esas 500 vocaciones. Cuando todas las Delegaciones estaban buscando hasta debajo de las piedras a los 50 numerarios necesarios para llenar cada Centro de Estudios por Sección y cuando -por ejemplo- Ramón Herrando acababa de escribir a los Vocales de San Rafael aquella carta pidiendo cartas (A por las 500 vocaciones) en agosto de 2005, desde el Gobierno Central se dio un golpe de timón desconcertante. En verano de ese año llegó de Roma la orden de cerrar definitivamente la mitad de los Centros de Estudios de la Región y abrirlos como Colegios Mayores a partir de septiembre (de 2005). O sea: de la noche a la mañana.
La Región llevaba años forcejeando con Roma para que le permitieran cerrar definitivamente varios Centros de Estudios sin conseguirlo, por lo que ese golpe de timón del Gobierno Central de la Obra pilló a todos por sorpresa. Es más: por la campaña de los 500 -por ejemplo- se mantuvieron abiertos los Centros de Estudios de Galicia, aunque sólo hubiese un numerario; el de Sevilla, con dos; y el de Valladolid con tres; y se volvió a abrir el de Zaragoza, cerrado un par de años antes. Se ordenó cerrar los que acababan de ser reabiertos y los que debían haberse cerrado años antes. ¿No es esto de locos?
El golpe psicológico por la violenta medida, después de haber creado tantas expectativas, fue muy traumático. Desde 2005 muchos de las sedes de los Centros de Estudios cerrados se han transformado en Colegios Mayores abiertos y, para concentrar fuerzas, se han cerrado muchos otros Centros de la labor con universitarios. Para poner en marcha estos nuevos Colegios Mayores se ha llevado a cabo una impresionante campaña de marketing y una inversión económica muy fuerte, en cuya gestión han intervenido especialistas del IESE de la Universidad de Navarra, bajo la dirección de la Comisión Regional.
Se ve que la inversión en medios y esfuerzo no es ninguna broma. Ha sido necesario cerrar muchos Centros de universitarios para poder tener una mínima cantidad de numerarios que puedan atender estos nuevos Colegios Mayores y emplear mucho dinero en reformas. ¿Los resultados? Poco esperanzadores. El primer curso (2005/2006) permanecieron casi vacíos puesto que no hubo tiempo para hacer promoción por lo precipitado del golpe de timón decretado desde Roma. El curso actual (2006/2007) ha estado precedido de una fuerte campaña de marketing que se ha notado, pero la cifra de residentes en estos nuevos Colegios Mayores no ha superado los 10 ó 12 porque no hay numerarios en edad universitaria suficientes como para poder admitir a más residentes sin exponerse a perder el control.
Sin embargo -con todo- las gestiones para conseguir colegiales no han sido sencillas. Se ha tirado de estructura, haciendo promoción en los Colegios de secundaria y Centros del Opus Dei, ya que el perfil que se busca es el de jóvenes que ya hayan estado en contacto con la Obra anteriormente a través de alguna institución educativa, familiares, etc. Pero como esta tarea tampoco se presentaba muy prometedora, la Obra -que ha de saber sacar provecho de todo- ha estado utilizando a sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz para que, en los lugares donde ejercen su Ministerio, dirijan y conduzcan -así se ha indicado- a los jóvenes que traten, a estos Colegios Mayores del Opus Dei.
O sea que -una vez más- lo que busca la Prelatura son plantas de invernadero, personas que no conozcan nada más allá de los límites del Opus Dei, que vivan y se muevan en ese ambiente. Es decir: todo lo contrario de aquello de José María Escrivá de que no somos plantas de invernadero. Vivimos en medio del mundo, y hemos de estar a todos los vientos, al calor y al frío, a la lluvia y a los ciclones… (Forja, 792). Lo que se ha explicado es que las primeras promociones de colegiales son determinantes para el futuro de esas instituciones porque en un Colegio Mayor los que dan ambiente y los que tiran hacia arriba son los residentes veteranos. Muy bien, pero no deja de ser extraño (cuando menos) que haya que emplear a los sacerdotes agregados y supernumerarios para persuadir a sus feligreses de que acudan a un Colegio Mayor de la Obra como parte de su labor de almas, y más cuando se trata de una indicación dictada desde arriba.
La realidad es que en el Opus Dei hay muy poca confianza en poder convencer (seducir) a una persona ajena al mundo hermético de la Obra y por eso siempre se buscan los objetivos más fáciles.
La lógica absurda de la estrategia de la Comisión Regional
Pero es que, al tiempo que se abren nuevos Colegios Mayores – los Centros de Estudios cerrados, mutatis mutandi – se cierran o se reforman radicalmente Colegios Mayores históricos del Opus Dei por falta de alumnos, como Moncloa, La Estila, Miraflores o Guadaira. Mientras imponentes edificios se trocean para transformarlos en pequeños Centros de personas mayores, invirtiendo mucho dinero para reformar lo reformado hace pocos años cuando se pretendía hacer estos Colegios Mayores históricos más competitivos; se promocionan los nuevos gastando también muchísimo dinero. Y todo esto en una época en la que la tradición de los Colegios Mayores se está extinguiendo en la Universidad española.
No hay caso tan chocante como el de Santiago de Compostela donde el Centro de Estudios cerrado (la Residencia universitaria Coimbra, cuyo edificio se terminó en los años 80 y nunca ha estado lleno) y el gigantesco Colegio Mayor La Estila (abierto en 1948, el segundo de la Obra tras Moncloa) están ambos en la misma calle, la Avenida de Coimbra, y uno en frente del otro. ¿Qué hacer con el edificio del Centro de Estudios de Galicia? Nadie lo sabe, ya que La Estila hace muchos años que está al 15 por 100 de su capacidad, con miles de metros cuadrados sobrantes y ya hubo en él una reforma para modernizar las habitaciones de los residentes que vino seguida de una contrarreforma para cambiar lo que se acababa de reformar y hacer un par de Centros de San Gabriel.
La cifra de numerarios sigue descendiendo pese a todos los esfuerzos
En la actualidad los Centros de Estudios supervivientes alojan cada a uno a menos de 20 numerarios sumando las dos promociones y la mayoría -y los mejores- se salen de la Obra al terminar esos dos años de especial formación. Sin ir más lejos el Centro de Estudios de Pamplona (Mendaur, de varones) ha perdido la mitad de sus residentes estas pasadas navidades.
De las 10 Delegaciones del Opus Dei en España: Madrid-oeste, Madrid-este, Barcelona, Valencia, Granada, Sevilla, Galicia, Valladolid, Pamplona y Zaragoza, mantienen su Centro de Estudios las de Madrid-este, Barcelona, Valencia, Pamplona y Granada. Las restantes Delegaciones tienen que enviar a sus candidatos al Centro de Estudios más cercano y esperar que desde Comisión les asignen numerarios jóvenes recién salidos del horno. El reparto de jóvenes de San Miguel ha generado tensiones, desconcierto y caos. A una Delegación, el año pasado, se le asignaron 3 jóvenes numerarios varones que deberían llegar a sus nuevos Centros en septiembre de 2006, como muy tarde. No llegaron y -claro- todos los Directores de la Delegación en pie de guerra puesto que habían estado echando cuentas para estirar del todo a esos jóvenes tan necesarios. La respuesta de Comisión: pues… que no hay. Y es verdad.
Y ahora, ¿qué?
En definitiva, este es el panorama apostólico de la Región de España del Opus Dei. La campaña de los 500 ha sido contraproducente en todos los sentidos: ha reventado y agotado a muchos, a otros ha escandalizado y para todos ha supuesto una fuente de frustraciones y sufrimientos. La perseverancia ha descendido sobretodo entre los jóvenes y se ha impuesto un ambiente de desilusión y derrotismo. Contemplando la realidad de la Región de España se entiende hasta qué punto las teorías de los de la AOP para dar una imagen de éxito y de expansión, tienen la misma credibilidad que el cuento de la lámpara de Aladino.
Ahora lo que el Opus Dei pretende es arrimarse a nuevas familias jóvenes en edad de procrear y empezar a hacer la labor desde cero. Con muy pocos y muy críticos supernumerarios jóvenes y una generación prácticamente perdida en su totalidad para la labor de San Miguel, no queda más remedio que tratar a nuevas familias para -el día de mañana- tener liquidez suficiente en los Centros de San Rafael.
Del mismo modo que se comienza en un nuevo país, así tiene que recomenzar el Opus Dei tras 80 años en España. Ahora en la Región de España se cumple literalmente aquella frase de José María Escrivá: en la Obra, siempre, en los comienzos.
Poderoso caballero es don Dinero: ya se han puesto en marcha muchos nuevos Colegios de primaria y secundaria; (aunque Escrivá dijo que el Opus Dei no tendría colegios para no igualarse a los religiosos y religiosas) y una incipiente red de guarderías para aprovechar la oportunidad de tratar a familias jóvenes en las que el padre y la madre trabajen fuera de casa y no puedan encargarse de sus hijos pequeños, una situación tan frecuente en la España actual. Así -con paciencia y con destreza- conseguir introducirse en esas familias y ganar a los hijos a través de los padres que no sospechan la trama que se teje a su alrededor.
Otro cartucho que está quemando el Opus Dei es el de la profesionalización de la Asociación de Cooperadores. Para llevar a cabo todos estos proyectos de infraestructura (de palanca material, de dinero) son necesarios muchísimos recursos y una buena fuente la constituyen las personas que cooperan económicamente con la Prelatura. Por ejemplo, una buena manera de conseguir una contundente inyección económica es crear una Fundación de ayuda a la enseñanza católica, para que aquellos padres que deseen que sus hijos se eduquen en un Colegio católico puedan llevarlos allí aunque no tengan recursos. Esto es muy bonito si no fuera porque luego -extraoficialmente- se añade que los únicos colegios verdaderamente católicos de España son los del Opus Dei y el dinero de la Fundación será para becar sólo y exclusivamente a alumnos de esos Centros educativos de la Obra.
Sin exagerar podría decirse que en la Región de España se considera que cada vocación supone una determinada inversión económica, que a base de gastar dinero en una persona creando las guarderías donde criarle, los colegios para educarle, los clubs para distraerle, las convivencias para recrearle, las residencias para alojarle, las parroquias para catequizarle, las asociaciones donde emplearle, editoriales para adoctrinarle, universidades donde licenciarle, etc; puede conseguirse, del modo mejor, la vocación al Opus Dei.
Como es necesario tanto dinero - Madre, yo al oro me humillo, él es mi amante y mi amado…, que diría Quevedo- se ha reestructurado la Asociación de Cooperadores porque todos los medios, para una Obra tan derrochadora, se quedan cortos. Más aún, se ha estado tratando el tema de aprovechar a los ex miembros en buen plan para bien del Opus Dei y se está buscando la fórmula para que la Obra pueda apoyarse en los ex miembros -¡lo nunca visto!- nombrándoles Cooperadores. Muy de puertas adentro, se despacha este tema: la Obra tiene que aprender a hacer la labor en los lugares donde lleva mucho tiempo y donde hay muchas personas que han sido de Casa, hay que encontrar la manera de apoyarse en estas personas sin que por ello parezca que la infidelidad a la vocación es una nadería.
Se ha indicado que de oficio las personas que dejen el Opus Dei cuasi in oculto, sobretodo si es a iniciativa de la Prelatura, sean nombrados Cooperadores aunque el interesado no lo sepa, a menos que diga que no expresamente. Así se busca dar rentabilidad a tantos que se salen de la Obra y se consiguen futuros colaboradores; y -mejor que mejor- se puede dar la imagen de esa bendita experiencia, que no deja de ser una gracia especial de Dios: los que abandonan su vocación mantienen siempre un cariño grande a la Obra; es lógico que sigan amando lo que amaron.
Claro, hay que encontrar el equilibrio necesario para que las personas que han sido de Casa puedan seguir colaborado con la Obra, es necesario esforzarse en tratarles bien (sin familiaridades), en que se sientan a gusto. Lo que pasa es que ese equilibrio no es sencillo porque o mandas al infierno a los que se han salido del Opus Dei, o te expones a que los que siguen dentro de la Obra se animen a irse. En fin, ya se sabe que el pecunio …hace propio al forastero, poderoso caballero es don Dinero.
Como el apostolado y proselitismo en el Opus Dei han dejado de ser una aventura divina para convertirse, más bien, al género de suspense y terror; se está insistiendo mucho en otras cuestiones, en otras tareas ocupacionales para que los miembros de la Obra que no puedan gastar sus energías en el proselitismo -no hay materia prima- tengan algo que hacer. En el séptimo Congreso de la Prelatura de 2002, verbigracia, se decidió encomendar a la Sección de mujeres la tarea de influir especialmente en el mundo de la moda y a la Sección de varones influir en el mundo del deporte y del cine. Con todo esto llega a veces a parecer que el Opus Dei se encuentra ad portas de convertirse en una sociedad mercantil de activismo social.
De la fallida campaña de inversión en los 500, se pasó a invertir en la obtención de supernumerarios jóvenes para llenar los Centros el día de mañana, pero parece que los retoños de San Gabriel tampoco llegan aunque a finales de 2006 se dijese ad intra la falsedad de que ese año habían pitado más supernumerarios jóvenes en Madrid que los que pitaron en 2005 en toda la Región. Hay Delegaciones en las que en 2006 no ha pitado ningún miembro de San Gabriel menor de 40 años y -de hecho- ya no hay convivencias específicas para supernumerarios jóvenes. Fracaso tras fracaso hemos terminado invirtiendo más que nunca en el imperio económico y material del Opus Dei -marca registrada- de España. Con tantos palos de ciego, desorientación, arbitrariedad, contradicción en las estrategias, cambios de rumbo repentinos, desórdenes y despropósitos los Directores de Roma y de Madrid están terminando de rematar a la maltrecha Región de España del Opus Dei.
Personalmente soy de los que piensan que el hundimiento de la Prelatura, la crisis actual, profunda e irreversible, no se debe a un error de estrategia sino a algo simple y esencial que falla: los miembros de la Obra no creen en el Opus Dei, desconfían y mantienen las distancias; se refugian y se esconden de la Prelatura porque las razones de la institución no convencen, ni sus métodos, ni sus sombras, ni nada. Aunque …da al bajo silla, y al cobarde hace guerrero -pax in… bello!-, poderoso caballero es don Dinero; esta falta de fe en el espíritu, carisma, revelación de la Obra no puede suplirse con dinero aunque se emplee en grandes sumas. Evidente.
Además en la Obra se ha cambiado la paternidad por el paternalismo y -por ello- se nos trata a los miembros como a párvulos y cuando alguna autoridad doctrinal del Opus Dei accede a verter en nuestros oídos algo del licor de sabiduría que chorrea del espíritu de la Obra… es mucho peor. Aunque ahora el Prelado y el Vicario Regional estén in albis sobre qué sendero seguir en España, seguro que en otro exabrupto divino hallan el non plus ultra del querer de ese dios de la Obra que lo solucionará todo y nos hará fieles y felices.
Por todo esto no es de extrañar que haya quien -breviter faciam- afirme que la Obra está seca, como una madre incapaz de tener hijos.
Una muestra del fanatismo proselitista de la campaña de los 500
Para ilustrar cual ha sido la realidad de la desaforada movilización en pos de las 500 vocaciones a destajo, copio -a continuación- una de las fórmulas magistrales empleadas para adoctrinar sobre el modo en que ha de efectuarse el proceso de captación. En estos últimos años muchos Directores se han estado intercambiando, como si de cromos se tratara, sus recetas para conseguir una suculenta vianda de vocaciones de San Miguel.
Este es el nivel de inmoralidad que existe entre la clase dirigente del Opus Dei a día de hoy. Las vocaciones no se ven precisamente como un don divino concedido desde toda la eternidad por la Providencia misericordiosa de Dios para bien de la persona; no son precisamente estas consideraciones las que mueven a la Prelatura. Aquí va una receta que es prueba de la técnica sectaria del proselitismo en el Opus Dei y que se ha estado utilizando en las dos Delegaciones de Madrid, en la Sección de mujeres de la Obra.
¡Un fuerte abrazo!
EscriBa
27 PASOS PARA QUE PA [PEDIR LA ADMISIÓN] UNA AL MES
-Una chica que no conozca nada, en 6 meses pa
NO CAIGAS EN LA TRAMPA DEL OPUS DEI
“El Opus, dice Pániker (Raimundo Pániker entró en la Obra en 1939 y se marchó en 1966. Fue ordenado sacerdote en la segunda promoción), quiere salvar al mundo de sí mismo en nombre de Dios, pero según sus propias condiciones. Las condiciones del Opus, por supuesto, son idénticas a las de su fundador. Toda gracia que conduce a la salvación llega a los miembros del Opus Dei a través de su fundador. A través de la gracia del fundador eres lo que eres. De ahí los traumas que sufren los que se salen. Demasiado a menudo creen, y los miembros del Opus lo piensan así, que al separarse de esta fuente de gracia se ponen a sí mismos fuera de esta institución de inspiración divina e inalterablemente perfecta, y están destinados a condenarse eternamente. “El demonio actúa rápidamente -le dijo Janet Gould a su madre cuando le explicaba por qué no podía abandonar por un corto período la residencia del Opus para ir a casa de visita- y lo hará si me marcho de aqui. (Citado en el “Catholic Pictorial”, 13 de septiembre de 1981. La señorita Gould ya ha dejado el Opus). El impacto sobre los miembros del Opus es predecible. Se les separa tempranamente de su familia natural. Se les enseña a creer que la salvación es imposible, ahora que son miembros del Opus Dei, sino sólo a través de la organización en la que han ingresado. Suple su vida familiar, su medio ambiente, al menos en todo lo que no sea actividad profesional y, en muchos casos, especialmente para las mujeres, también ésta. Cuando están desengañados, por tanto, el impacto emocional es aplastante. Los que quieren marcharse no tienen a nadie a quién recurrir, nadie, fuera del Opus, con quien establecer una relación lo suficientemente estrecha como para que puedan confiar en ellos. Y también han sido educados en la creencia de que al romper sus lazos están cometiendo el pecado más infame. La salvación es transmitida a través del Opus. Sin el Opus, el antiguo numerario está condenado”. (Recogido por Michael Walsh, El mundo secreto del Opus Dei).
La vida, fuera de la Obra, tiene sus sinsabores y sus alegrías, es la vida misma, la de cualquier persona en medio de este mundo, sin privilegios, sin mamparas de cristal, pero sin otro sometimiento que no sea lo que tú quieras hacer, ser, pensar, y sobre todo ¡vivir y respirar! En la Obra empequeñecen a Dios y le hacen cómplice de una increíble tela de araña para tenernos bien aferrados con frases tan engañosas como “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave” (Escrivá). ¡Ahí está la trampa! Míralo de la siguiente forma:
Para Escrivá, irse de su obra es igual a… ¡romper la unión con Dios! (¿Cuánta soberbia se necesita para hacer una afirmación semejante?). Irse de la Obra no es abandonar la Iglesia ni dar la espalda a Dios, porque la Obra no es la Iglesia y la verdadera Obra de Dios es Jesucristo.
En primer lugar, tu vocación se le inventaron, “la vieron” ellos, pero tú fuiste captado por un proceso de “enamoramiento” o de atracción o de coacción (recuerda cómo entraste a la Obra). Aún así, si hubieras tenido vocación -¿acaso podrías elegir tener vocación de “supernumerario a los 14, 15, 16, 17 ó 18 años?,¡No!- tenías vocación de numerario/a porque el/ella -junto al sacerdote de la obra con el que te confesabas- “lo habían visto en la oración” o de agregado/a si tu nivel social o tu educación, tus peculiaridades e incluso tu físico no era el deseado, o de numeraria auxiliar, si te sacaban de un pueblo, sin estudios, de clase humilde, de donde “unas señoritas” te llevaban a la capital a “estudiar”, a “formarte” (con la tranquilidad que les quedaba a tus padres porque ibas a labrarte un futuro mejor).
Se inventaron tu vocación e involucraron a Dios haciéndote creer que Él era el que te pedía “eso”. Y tú acabaste por aceptarlo “Dómine, ut videam!”, “No querrás ser como el joven rico del Evangelio al que Jesús le dijo ’sígueme’ y al no hacerlo se quedó triste”… y tantas frases parecidas.
En cualquier caso, no seguir en una organización no es ser infiel, es una elección y la vida está llena de ellas. Imagínate que has firmado un contrato para trabajar en una empresa y cuando llevas un tiempo allí, ves que no tiene nada que ver con lo que te dijeron que era. No te gustan sus métodos de trabajo, ni te convencen sus objetivos, ni te sientes a gusto. Si decides rescindir el contrato y buscar un sitio mejor donde corra el aire, ningún estatuto ni ninguna rama de ningún Derecho, ni el sentido común tipificarían tu caso como “el del empleado infiel que quiere romper su relación con Dios”.
Imagina que estás casada con una persona que te maltrata y llevas años aguantando la situación. Si te atrevieras a plantarle cara, a denunciarle y a marcharte de su lado, ¿alguien podría acusarte de que si le abandonas, estas siendo infiel? Y si por ende, alguien te dijera que además de serle infiel, lo grave es que has roto tu relación con Dios, ¿estaría en su sano juicio quien así intentara convencerte de que siguieras aguantando? ¿Crees que Dios querría que siguieras soportando los malos tratos y que no te defendieras?
Piensa por un momento en las personas que se asocian o ingresan en alguna institución religiosa. Si en un momento de su vida creen y tienen la seguridad de que eso que eligieron ya no es lo que quieren, o ya no les vale, o creen que su evolución espiritual les ha conducido por otros derroteros, con la misma libertad que entraron (libertad que tú no tuviste), se marchan. La Iglesia, en su Código de Derecho Canónico, les ampara. Y no pasa nada, no son infieles a Dios porque a Dios se le puede servir de muchas maneras (más que servir, Dios prefiere que le quieras) y Dios sigue siendo Dios y tú sigues siendo tú y no se rompe nada, no hay infidelidad. Recuerda la frase del Padre para que no se nos olvide lo incongruente y sibilina que es: “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave”.
Para el fundador, la “infidelidad” es irse de la Obra; da igual en qué condiciones ni por qué motivos. No respeta tu libertad, no admite que pienses por libre, no acepta que seas persona ni que seas tú mismo. Y se atreve, además, a utilizar a Dios para su propia conveniencia. Por eso equipara “infidelidad” a “romper la unión con Dios” y te hace creer que si te vas de la Obra “le traicionas como otro Judas“. ¿Cómo puede alguien pensar en su sano juicio que no admitir, no entender, no poder compaginar la teoría con la práctica del espíritu del Opus Dei, después de haberlo intentado muchas veces, es “romper la unión con Dios”? ¡Si sólo es una cuestión de salud mental! La idea de Dios tiene tan poco que ver con la desolación, con la amargura, con la tristeza, con la sinrazón, con la falta de caridad, que si Dios pudiera hablar por su propia boca te diría que Él no tiene nada que ver con el Opus Dei, que no son sus métodos, que te quiere igual dentro que fuera y, sobre todo, que no es sectario y que no se inventa organizaciones en las que el que está dentro acaba buscando razones para morir y no razones para vivir.
Irse de la Obra no es “romper la unión con Dios” ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? ¡Qué burda manipulación y qué fácil de desmontar! Pero, es cierto y te damos toda la razón, sólo te das cuenta de que te han manipulado o de que lo están haciendo, cuando estás fuera o estás casi a punto de irte porque tu salud psíquica y física ya no pueden más.
Rizando el rizo, si te sirve una situación que no es la tuya pero que podrían haberte influído tanto que te sintieras una mala persona por haberte ido o quererte ir del Opus Dei, recuerda este pasaje del Evangelio: “Mujer, ¿acaso alguien te ha condenado? Yo tampoco. ¡Vete en paz!“.
Y desde el punto de vista jurídico, la salida de la Obra está perfectamente legitimada en los Estatutos de la Prelatura.
Te aconsejamos que leas el capítulo III del libro de Maria del Carmen Tapia: “Crisis vocacional“. Te dará “luces” para recordarte o para que sepas cómo se utiliza el tema de la vocación en el Opus Dei. Con una explicación teológica y filosófica te lo aclarará también Antonio Ruíz Retegui, teólogo y sacerdote numerario del Opus Dei en su capítulo El sentido de la perseverancia de sus reflexiones íntimas “Lo teologal y lo institucional“. Un ex sacerdote numerario te ayudará también con su testimonio Decisión difícil, igual que puede hacerlo el escrito La vocación al Opus Dei no existe y sobre el bautismo. Lee también las reflexiones, a la luz del Evangelio, del relato del joven rico, Carta a una recién ‘pitada’ con dudas, La técnica sectaria del proselitismo del Opus Dei.
Y para ver la coacción en los argumentos que se emplean para asignarte una vocación, lee -y házsela leer a tus padres- la charla sobre la vocación del círculo. Si estás yendo a círculos, tarde o temprano te dirán eso, para que “pites”. Y para comprobar la falsedad de sus actuaciones y la frialdad de sus métodos sectarios, lee los 27 pasos para que “pite” una numeraria al mes, un documento interno del Opus Dei donde se marcan las pautas del proceso de captación y de “enamoramiento” al que te someterán si estás bajo su influencia. No caigas en la trampa.
Como declaró Antonio Pérez Tenessa*: “Una vez liberado del trauma que deja la Obra, repito literalmente contigo: Yo, por mi parte, puedo seguir asegurando que no he llegado a echar de menos ninguno de sus cuidados, de sus charlas, de sus consejos, de sus diálogos, de sus apostolados, nada. Porque era eso precisamente lo que costaba y me repelía por contradictorio“. (Recogido por María Angustias Moreno en su libro, El Opus Dei, anexo a una historia).
*Antonio Pérez Tenessa pidió la admisión en el Opus Dei en 1939, fue ordenado sacerdote en 1948. Desde 1950 desarrolló el cargo de Secretario General del Opus Dei y en 1956 fue nombrado Consiliario Regional de España (cargo equivalente al actual Vicario Regional). En 1965 abandonó la institución. En 1992 publicó un artículo en el diario español “El País” titulado: “No hablaré mal de la Obra“.
Otro testimonio más que te hará pensar y hará pensar y recapacitar a los reclautadores de vocaciones: “Los “pitajes” a granel y la vocación al Opus Dei“. Y otro: “La seducción del cariño: orígenes de una vocación“
Fuente: RD Religión Digital Lunes, 21 de enero 2008

¿Se acabó la buena estrella de la Obra en Roma? Según informaciones fiables, la Santa Sede ha decidido abrir una investigación sobre la naturaleza y actividades del Opus Dei, meses después de que fueran investigados los Legionarios de Cristo, cuyo Fundador y Presidente, el padre Maciel, fuese apartado de su cargo y recriminado por sus conocidas actividades pederastas. La investigación sobre el Opus, conocida eclesiásticamente como visita canónica, será realizada por dos visitadores, uno italiano y otro español.
En bastantes ocasiones, el Opus ha sido criticado, dentro y fuera de la Iglesia, por su extremado secretismo, sus actividades proselitistas con menores de edad, y sus peculiares formas de confundir la dirección espiritual con la confesión sacramental, entre otros cargos. En Roma, se especula que la visita canónica vaticana tiene que ver con estas y otras actividades “sospechosas”.
La peculiar estructura canónica del Opus, su carácter de Prelatura personal, le permite no dar explicaciones a los obispos territoriales sino directamente al Papa. Ello ha hecho posible que los directivos de la institución hayan podido gozar de una libertad ilimitada en la conducción de sus negocios, en virtud de las buenas relaciones que sostenían con el anterior Papa.
Es conocido como el Opus fue utilizado por el Papa Juan Pablo II en sus dos grandes operaciones: la desactivación del Concilio Vaticano II y la transformación política de los países comunistas. De hecho, el Opus Dei estuvo bastante implicado en la ayuda económica que recibió de Roma el Sindicato polaco Solidaridad.
Pero el Papa actual, aunque también conservador, no tiene particulares lazos de amistad con el Opus y se caracteriza por una preocupación notable por la disciplina eclesiástica, en todas sus esferas. La crítica al Opus, interna y externa a la Iglesia, ha sido constante y una de sus expresiones fue la carta entregada al Vaticano suscrita por medio centenar de exsocios hace un año. Ahora, el Vaticano investiga a la Obra.

Por Alberto Moncada
Según informaciones fiables, la Santa Sede ha decidido abrir una investigación sobre la naturaleza y actividades del Opus Dei, meses después de que fueran investigados los Legionarios de Cristo, cuyo Fundador y Presidente, el padre Mercier, fue apartado de su cargo y recriminado por sus conocidas actividades pederastas.
La investigación sobre el Opus, conocida como Visita canónica, será realizada por dos Visitadores, uno italiano y otro español. En bastantes ocasiones, el Opus ha sido criticado, dentro y fuera de la Iglesia, por su extremado secretismo, sus actividades proselitistas con menores de edad, y sus peculiares formas de confundir la dirección espiritual con la confesión sacramental., entre otros cargos.
La peculiar estructura canónica del Opus, su carácter de Prelatura personal, le permite no dar explicaciones a los obispos territoriales sino directamente al Papa. Ello ha hecho posible que los directivos de la institución hayan podido gozar de una libertad ilimitada en la conducción de sus negocios, en virtud de las buenas relaciones que sostenían con el anterior Papa. Es conocido como el Opus fue utilizado por el Papa polaco en sus dos grandes operaciones, la liquidación del Concilio Vaticano II y la transformación política de los países comunistas. De hecho, el Opus estuvo bastante implicado en la ayuda económica que recibió de Roma el Sindicato polaco Solidaridad.
Pero el Papa actual, aunque también conservador, no tiene particulares lazos de amistad con el Opus y se caracteriza por una preocupación notable por la disciplina eclesiástica, en todas sus esferas.
La crítica al Opus, interna y externa a la Iglesia, ha sido constante y una de sus expresiones fue la carta entregada al Vaticano suscrita por un centenar de ex socios hace un año.
Esta carta y otras críticas similares están recogidas en la página web: www.opuslibros.org que se ha convertido en un Foro público de discusiones sobre la institución, protagonizada principalmente por miembros y exmiembros de ella, hecha posible gracias a las facilidades que permite Internet.
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Ver también el artículo:
Benedicto XVI es consciente de errores teológicos en el Opus Dei
Publicado originalmente en OpusLibros.org
Madreselva
Buenos días buena gente!
En un intento de esclarecer la verdad de los hechos, hoy voy a contaros como “pitó” conmigo, es decir, pidió su admisión al Opus Dei, la única persona a que coaccioné para que entrara en la Obra (y no diré “gracias a Dios”, aunque sea la única, pues esta responsabilidad sigue pesando sobre mi conciencia).
Vivía en un club de bachilleres. El grupo al que impartía formación, eran chiquitas de lo que antes era COU, es decir, 17-18 años. Varias se habían hecho ya numerarias los años anteriores, desde los 14. Eran una monada de crías, simpáticas y nobles como ellas solas. Yo “amigué” con una niña, de su misma clase del cole y amiga del resto, que en pocos meses pasó a convertirse en un “objetivo pitable”. Aunque a mis 22 me sentía casi su madre, pues ella tenía 17 (fi-ja-te-tú), teniamos muy buen feeling. Mi “pitable” en cuestión, era una empollona obsesiva. Tenía unos ragos de perfeccionismo académico, que le hacían sufrir y llorar frente a los notables acaecidos en su expediente. También era una niña de una inseguridad enfermiza. Pero era todo corazón y tenía unos padres con bastante pasta.
Total, que cada cual analice las causas posibles, pero desde la dirección del centro me dijeron: “a por ella”. Y fuí a por ella: ¡mi primera pitable real!. Fíjate que ilu. Total, que un día, encontrado el momento propicio, le casqué el consabido “tienes vocación de numeraria al Opus Dei, es una predilección especialísima de Dios por ti, tienes la oportunidad de hacer con tu vida lo más grande de este mundo”, etc, etc, todos argumentos de lo más disuasorios. Se me puso a llorar, pues la pobre veía acercársele el marrón desde hacía tiempo, y no paró en semanas. Entonces yo me empecé a preocupar. La vi tan agobiada, desborda por una situación, que cualquiera con las mínimas nociones de psicologías comprendería que le quedaba grande… que empecé a informar a los directores para que desmontaran “el sarao”, pues no consideraba muy festiva ni abocada a un final feliz dicha la situación. Yo tenía 22 años. Una pipiola, aprediz del “verdadero arte proselitista”. Y cuando me di cuenta de que mis dires, la dire del centro y el sacerdote, no parecían notar nada extraño, inadecuado en la situación… renuncié a mis propios criterios, siguiendo docilmente los de la dirección (me había vuelto una experta en semejantes docilidades, que aparcaban mi uso de la libertad y la responsabilidad. Era sin darme cuenta, una marioneta encantadora).
Así seguí, y seguí con saña, convencida de mi misión divina, mientras esta niña se iba derrumbando psicológicamente ante mis argumentos “invencibles”. Y llegó el día de escribir la carta para pedir la admisión. Mi pitable lloraba frente al papel. Y la escribió del siguiente modo, diciendo: que, no, que no la escribo. (Al minuto), que si. (Al otro minuto), que no, que no puedo… así alternativamente, en lo que resultaba un triste espectáculo y todo ello sin dejar de llorar. Y yo venga, erre que te erre. Solo me faltaba escribirla por ella. Como cualquiera puede comprender, una decisión del calado de entregar una vida no “vale” tomarla en semejantes condiciones de duda y coacción, por no hablar de las emocionales de la candidata. Una vez firmada la carta, yo ya muy preocupada, fuí a hablar con la directora para explicarte cómo había firmado, que pensaba “que la había coaccionado siguiendo sus intrucciones” pero eso no me “sonaba” que fuera el espíritu de la Obra. Y cual fué mi sorpresa cuando me di cuenta, que tanto directora como sacerdote, no prestaron la menor atención a mis inquietudes, dándome una palmadita en el hombro por mi “buen” trabajo, y más contentos que unas pascuas. Me dijeron que no me preocupara, que todo estaba fantásticamente bien. Y reconozco que su tranquilidad, contagió pronto mi conciencia y si hubiera tenido oportunidad, habría actuado igual con la siguiente. Eso si: con menos escrúpulos.
No sé qué habrá sido de esta muchacha. Al año siguiente, abandonó la casa de sus padres para irse a hacer el centro de estudios a otra ciudad. Era extremadamente compleja de cabeza, inestable emocionalmente y sufría mucho por la educación que había recibido y su carácter. Ojalá dejara pronto la Obra, o en su dirección alguien tuviera la caridad de decirle que “no era lo suyo”. Solo se, que con lo vulnerable que me pareció, los años que estuviera dentro (quizá aún lo está, no lo se) tuvieron que desequilibrarle necesariamente un montón. Una vocación tan exigente y perfeccionista como la de la Obra, era justo lo que no necesitaba.
Y bueno… yo tuve responsabilidad inegable en este estropicio. La anulación de mi libertad interna, se que me exime en buena parte, pero era una persona adulta, pacté con una actuación inadmisible.
¡Así pitan algunas personas!, es mi vivencia. Besos para tod@s,
Madreselva
Publicado originalmente en OpusLibros.org
Satur
A uno le alegra que de cuando en vez se acuerden de Satur, tan simpático, y que se le eche de menos. La verdad es que sigo la página, pero mis meninges ya no dan para más. Las nuevas aportaciones, además, son muy sabrosas (Markus, Gervasio, aceitera aceitera ) y creo que son muchos los que se deben de sumar a este puzzle para completar esa cosa tan rara que se llama Opus Dei.
Porque mira que son raros…
De mí diré que, hace años, ya no tengo ninguna relación con ellos y que mi vida discurre por caminos de sencillez. Estoy muy lejos de esa gente y los miro, y me miro a mí entonces allá dentro, con simpatía, aunque me parecen como un recopilatorio de los Pecos en japonés: un coñazo. Inclusamente de los ex hay gente más pesada que una china vendiendo rosas: como muy preocupados por su salvación y la de los ex que son agnósticos, apóstatas, tralaralas, madres solteras, novias de hombres divorciados, curas en tierra de nadie y gente de mala vida… Aquí, me parece, cada uno escribe de sus cosas y no creo que sea el foro para tratar de ciertos temas. Cada uno es como es, y vive como buenamente puede. Y mejor no andar juzgando, que luego pasa lo que pasa, que uno va de guays y de chulito y un día resulta que lo ves en el coche esperando el verde del semáforo comiéndose los mocos. Pues eso.
Lo que más gracia me hace de la gente de la opus, y de algunos bastantes ex con el ramalazo militante, es la seguridad que tienen en las cosas de Dios. Eso sí, reconociendo siempre su condición de pecadores (“no soy ejemplo de nada”, “soy el que más falla” -afirman- Y uno se pregunta, “¿Qué fallas el que más?”, dime en qué, criatura. Y te contestan “pues en que muchos días no hago el minuto heroico”, o “en que a veces se me va la vista”… ¡¡¡ jodeeeeer, pues sí que fallas, sí !!!).
Digo que tienen una seguridad pétrea en las cosas de Dios. Es más: Dios está conmigo. Lo que yo digo es asín, y punto. Y lo bueno es que se lo creen. Hay que joderse.
A Dios nadie le ha visto, eso es seguro… bueno, San Josemaría sí, que hasta le decía cuando leía el periódico “¡oye, déjame, porfa!” (no es textual. Textual es más fuerte). Pero los demás ná de ná. Bueno, pues éstos te hablan de Dios como si le conocieran de toda la vida. Y hablan y hablan, y escriben y escriben, y las montan del treinta y tres absolutamente convencidos de que lo suyo es la verdad. No son mala gente, son ciegos que guían a otros ciegos. Porque si les bajamos a la arena donde toreamos todos, están en lo que estamos todos, ni más ni menos.
Se han complicado la vida, que sólo hay una, y de qué manera. Y a Dios en ella. Yo no he visto a Dios, pero intuyo que para llegar a Él no hacen falta tantas zarandajas de normas, charlas, meditaciones, confidencias espirituales, convivencias y mandangas que en la mayoría de las veces no son más que causas de escrúpulos, mentalidades ñoñas, aires de aristócratas del amor y alegrías de corral.
A uno le parece que en las cosas de Dios lo mejor es el silencio: dejarse querer para querer. Lo demás viene solo.
La naturaleza del hombre de grupito -sea el grupito que sea- está constituida en creer fácilmente en las cosas que les dicen que hay que esperar. Si sigues nuestros criterios te irá bien. Es un mecanismo muy cercano a la superstición que muchos pensadores católicos le achacan a ciertas formas de religiosidad. Algunos les llaman “mecanicismos”.
La opus está repleta de ellos: desde los más mecánicos como dar besos a crucifijos, estampas, imágenes y suelos, hasta saludar a ángeles custodios del centro, rodillazos al entrar y salir del centro, pasando por todo tipo de liturgias domésticas como cienes de persignaciones, inclinaciones de cabeza, solitarios paseos peripatéticos rosario en ristre, brazos en cruz , decenas de salmos que se repiten más que un cordero a la chilindrón, y terminando en todos los criterios de modos de vestir, maneras de sentarse, formas de tratar a la familia de sangre o, como nos contaba hace unos días un amigo, vivir el pudor no llevando pantalones vaqueros donde el culete respingón era causa de admiración de sus compañeras en la universidad… ¿Seguro que eran chicas?. Menos mal que estaba al quite el subdirector del centro de estudios y puso remedio. Es que, la verdad, se ve cada culoooooo.
Se me dirá que si todo eso se hace por amor de Dios que por qué está mal. Y tiene razón. Sólo que para hacer todo eso por amor de Dios todos los días hay que estar muy preparado, o estar como un cencerro o, en fin, ser gente muy exagerada: como una lipotimia de Raphael.
Recuerdo que durante unos años hacía la charla fraterna en la delegación con el subdirector de la misma, un chico que nació maduro y con los morros como Angelina Jolie. Total, que un día le digo “joé, ¿sabes qué me pasa?, pues que me paso el día diciéndole a la gente que la encomiendo, que rezo por ella, y luego, ná de ná, que no me acuerdo. Y me parece que no está bien eso. Y el tío me aconseja, “tranquilo, tú cuando te levantes y beses el suelo dices “me gustaría encomendar de verdad a todos los que les diga hoy que les voy a encomendar. ¡Y ya está!”.
Me pareció una idea cojonuda. Es más, ahora mismo voy y digo “Señor, de aquí a los cinco años siguientes a todo el que le diga que rezo por él, toma nota, que va en serio. Hala, a por otra cosa, mariposa… mejor pon los próximos diez años”.
Esto de los mecanismos suena más a cosa de una pasmosa sencillez, muy lejos del amor, por cierto. Y es que cuando un conjunto de actos, por lo demás perfectamente inútiles e innecesarios al fin propuesto – la santidad en medio del mundo como uno más- se ven coronados por el éxito, el tipo tiende a repetirlos. Y acaba asociando la conducta con el premio. Y termina por creer que en cualquier circunstancia es suficiente con llevar a cabo la conducta para obtener el premio. Y que , incluso, el premio nunca puede conseguirse al margen de ese tipo de conducta. O sea, que si no rezo al ángel custodio para que encuentre aparcamiento, voy listo. Y si le rezo (es que tiene cojones el tema), pues que me sale una plaza en medio de la calle Serrano, ¡y encima es un autobús que sale de allí!, ¡¡¡oleeeeeee!!!.
El premio no es la vida eterna, necesariamente. Puede ser un estar bien consigo mismo, un fruto apostólico que se desea, una virtud que se quiere alcanzar, un milagro que anhelamos.
Conozco un médico supernumerario que receta a sus pacientes la estampa de San Josemaría. No sé, yo no me fiaría de un médico que me endilga una estampa para pedir mi curación. Para eso me voy a un sanador a que me ponga la estampa de San Genaro y me sople en la axilas y me recite el “cura sana, cura sana, cura sana cara de rana, si no se te cura hoy, se te curará mañana”. Supongo que el tal médico habrá repartido miles de estampas y, claro, alguna le habrá salido bien y, hala, a tirar de estampica, por si acaso. Es interpretar lo que es CASUALIDAD como CAUSALIDAD.
Lo que tendría que hacer ese buen médico es ponerse la estampa en el ciruelo, porque por allí el chico no anda muy fino, que se le van las manos al pulpo.
Y si funciona, que avise.
El tema de los mecanicismos roza, cuando no se sumerge, en la superstición y, a veces, parece “vudú”. Es sabido que el vudú piensa que la posesión de un mechón de cabello, unos recortes de uña, un algodón empapado de una gotica de sangre, o unos calcetines que han estado en contacto con un cuerpo, le otorga un poder ilimitado sobre esa persona, incluso provocar la muerte.
Estoy seguro que a más de uno le están viniendo a la cabeza cientos de anéldotas al respecto.
Ya digo, que son muy raricos estos chicos.
Satur
Publicado originalmente en OpusLibros.org
Guttemberg
Buenas Xete:
He leído hoy tu respuesta a Heavy publicada el 24 de septiembre con mucho detenimiento.
Coincido contigo en algunas de las cosas que cuentas. Tienes libertad para leer el periódico que quieras, para perder el tiempo en la sala de estar, de ver las películas que quieras sin cortes, salir de copas, ir de botellón, incluso leer opuslibros, etc… Pero creo que te equivocas en el enfoque que le das. Esta libertad no te viene dada por parte de ellos, numerarios residentes del centro, sino que forma parte de la libertad que tienen todas las personas normales que no han adquirido un compromiso para con la Obra. Ellos te pueden “aconsejar” que no veas, leas, hagas determinadas cosas, pero no tienen ningún argumento válido para imponerte que no lo hagas.
Todo esto parte de una raíz muy clara y que dejas entrever en uno de los párrafos de tu escrito: “Pero creo que pertenecemos a dos concepciones distintas de Opus dei”. Ahí está la clave. Tu concepción está basada en una vivencia del Opus Dei desde fuera, sin adentrarte en los misterios que se esconden tras las paredes del centro al que vas. Los que hemos vivido la experiencia desde dentro del Opus Dei (unos más tiempo, otros menos) sabemos lo que se cuece. Cuando estás dentro, ya seas n., agr., o sn., los directores sí pueden imponerte ciertas conductas bajo los argumentos de la obediencia debida, la vocación, el desprendimiento, la entrega, etc.., cosas a las que tú no estás obligado por ser de SR [labor de san Rafael]. Y eso que en mi último año gozaba de cierta libertad que me daba el director de mi centro (gran persona, decir lo contrario sería injusto), para irme a cenar con amigos, salir a tomar algo, hacer ciertos planes que, en condiciones normales, te aseguro no me hubieran permitido hacer. Recuerdo la primera charla del centro de estudios. El director nos dijo algo así como que si teníamos la sensación de que ahí se nos controlaba, que la olvidáramos, que el hecho cierto es que se nos iba a controlar. Así que dejó de ser una sensación para convertirse en certeza. Esto, entre otras muchas cosas, es también el Opus Dei (que tu desconoces).
Salí del opus hace casi 7 años, tras otros tantos dentro, y al principio seguí frecuentando un centro donde vivía un numerario, buen amigo mío (que lo sigue siendo) y pude darme cuenta de la artificialidad, la falsedad con la que aquellos numerarios que no sabían de mi pasado se dirigían a mí, las atenciones que te prestan, y hasta te ríen las gracias si eso puede llevar a que te incorpores a medios de formación, hagas planes, frecuentes más el centro y poco a poco te acerques más a ellos. Te puedo asegurar que gran parte de lo que haces ahora con tu novia (y no me refiero a aspectos de tu vida íntima con ella), con tus amigos, en el centro, con tu familia, no lo podrás hacer si algún día te incorporas al Opus Dei como supernumerario (o numerario si a alguno de los directores de tu centro guay le parece que tienes vocación para ello). Te dirán aquello de que una persona es igual después de pitar que antes de pitar, pero no te lo creas. Profundiza bien en todo ello. Si algún día decides pitar, verás cómo las cosas son de otro color cuando estás dentro que cuando estás fuera.
Por último te haré un pequeño reproche. No te creas que por ser de SR [de la labor de san Rafael] conoces el opus. Puedes conocer ciertos aspectos, el ambiente (viciado e hipócrita casi siempre), ciertas costumbres y modos de hacer las cosas, que será lo que ellos quieren que veas y conozcas. Cuando yo pité, nadie me había dicho nunca que tenía que usar un cilicio dos horas cada día, aplicarme disciplinas una vez por semana, ducharme con agua fría, presentar una cuenta de gastos, renunciar a ciertas aficiones, gustos, dejar amigos a un lado por el hecho de que no dan la talla o no son apostólicamente interesantes, y un largo etc… Si me hubieran contado todo eso, tal vez me lo hubiera pensado varias veces antes de pitar. Así que, Xete, no vayas de guay y de que lo sabes todo, porque creo que aún no te has enterado de la misa la mitad.
Guttemberg
Publicado originalmente en OpusLibros.org
Cap.3 de ‘QUERIDA OPUS’
SATUR, 8.12.2004
Una idea sobre ti que mantienes invariablemente pase lo que pase, lo diga quien lo diga, es que eres irreprochable. Mejor: eres LA IRREPROCHABLE. Una institución que se puede aceptar sin reservas, con plena y total adhesión, que cumple todas las condiciones admitidas, ya sea de un modo expreso o tácito, para ser amada. O sea, que juegas a cara y cruz con una canica. Eres perfecta…
Una lástima. Si fueras un pelín más tolerante, si aceptaras que no siempre eres perfecta, que metes la pata, que te equivocas, que estás sometida a las limitaciones que todos tenemos, te iría mucho mejor. Ese modo de ser no te invalidaría, al contrario, te haría más humana -en el sentido que a ti te gusta de “humana como más sobrenatural”. Reconocer eso también te llevaría a decir “bueno, no está exactamente bien lo que se ha hecho, pero de ahora en adelante las cosas se van a intentar hacer de otro modo. Vamos a mejorar esto, esto y esto. Vamos a por ello”.
Lo irreprochable es posible, pero sólo con esa condición de que podemos mejorar en el futuro, de que no es algo acabado, esculpido, inamovible, acortezado, fosilizado… Y esa es la condición que te falta. Más aún, cuando alguno intenta aconsejarte algún cambio en modos de tu espíritu, de tu modo de actuar, en criterios de forma o de fondo sobre la pobreza -te lo tendrías que plantear-, o sobre la formación espiritual que das -también deberías de planteártelo- de los modos de hacer proselitismo… das la callada por respuesta y le metes una patada a seguir, como en el rugby, que lo envías donde el viento da la vuelta… que se lo pregunten a Ruiz Retegui y a tantos otros que pasaron de la planta de la Semana Fantástica del Corte Inglés a Oportunidades de Hipercor en un abrir y cerrar de ojos. Eso sucede por pensar… ¡A quién se le ocurre!: en la opus no hay que pensar nada. En la opus el espíritu es “obedecer o marcharse”.
Mira, la vida es un equilibrio entre certidumbres e inseguridad, pero las certidumbres nunca son absolutas. Hay que revisarlas, definirlas de nuevo, confirmarlas. No se puede decir, de ti ni de nadie: esto es seguro porque lo vi una vez con plena claridad. Las creencias tienen que ponerse a prueba en el tiempo, en el día a día, hay que andarlas. Nuestra conducta -la tuya también- tiene que estar apoyada en razones vitales que la aseguren y confirmen. No vale afirmar, como a ti te gusta repetir, eso de “¡te basta mi gracia!”, negando la naturaleza, el carácter, la forma de ser de cada cual. Negando las “razones vitales personales”. No somos iguales, aunque nos parezcamos.
Te olvidas de que existe una maravillosa posibilidad humana y es la de poder decir “desde ahora voy a volver a empezar”.
Eres la remamangüeva. Ayer me escribía un ex, y me comentaba que todavía no había conseguido cerrar la boca ante el comentario que le hizo uno -uno así como muy preparado y todo un Jefe de planta de la Cosa- cuando leyó la carta que éste había escrito al Perlado de la opus pidiéndole la dispensa de sus compromisos: “eres un sentimental”. Le dijo “eres un sentimental” como se dice “tú eres gilipollas”. Y todo es que el chico había abierto su corazón de par en par sabiendo que se despedía, y lo hacía a su manera. Sangrando.
¿Y ése tío qué quería?. ¿Que le escribiera “vete a tomal pol culo tú, la opus y los cien mil hijos de San Luis y dame ya la dispensa que si no te meto un guantazo que ves a Tía Carmen vestida de Popeye el marino soy…?”… pero no. Era un sentimental, el pobrín. Y el otro un capullo. Y, encima, psiquiatra.
Y es que lo llevas en la sangre, encanto. Leyendo el comentario de este amigo recordé una frase de uno -éste ya no es que sea Jefe de Planta, éste tiene hasta nombre y apellido de calle en Barcelona- que me dijo un día en Roma refiriéndose al subdirector de San Rafael de una delegación “a fulanito lo que le pasa es que tiene sentimientos y sufre cuando hay que apretar para que pite alguien, y es que los de San Rafael tienen que ser tíos muy duros. Si son sentimentales sufren mucho”. Y no le faltaba razón.
Nada. Tú a lo tuyo. A la irreprochabilidad.
Un conocido mío dejó a su mujer y contaba “se acabó con ella, chicos. Llevo días pensando sobre lo nuestro y sabía que algo se había enfriado entre nosotros. Y se lo dije: lo que echo de menos en ti no es tu piel sino tu ropa”. Nos quedamos a cuadros.
Pues contigo es todo lo contrario: lo que se echa de menos en ti es tu desnudez. Hombre, algún fallo tendrás, algún defecto, alguna mancha, alguna cosilla. Y no me vengas, que ya nos conocemos, que los errores son de las pelsonas cuelpos humanos, que sí, que también, pero me parece que tú también tendrías que hacértelo mirar. Un poco.
En la carta de Don Álvaro que nos ha colgado Orejas, por ejemplo, dice unas cosas de nosotros que uno se pregunta si está leyendo a un santo o a un tío con ganas de joderte el resto de los putos días que te queden de vida. Porque da manteca fina para hartarse. Parece que estaba escribiendo y tal, y al llegar a la página de marras, la de los ex, dijo “todos fuera, dejadme solo, que se van a enterar estos… ¡¡¡dejadme soloooo!!!”. Y a zumbarle a la badana.
¿Cómo se puede escribir así, a peso, al buen tuntún, midiendo a todos por el mismo rasero, eso de “si alguno de mis hijos se abandona y deja de guerrear, o vuelve la espalda, que sepa que nos hace traición a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos en la Obra, a todas las almas”. Sí, hombre sí, y al Barça, y a las Clarisas de Cotatuero, y a mi abuela Dolores que en culo tiene flores.
Y eso de que “se ha puesto el corazón en los encantos de una vida mundana, y en lugar de servir, se ansia sólo triunfar; en lugar de darse, tener; en lugar de Amor, egoísmo; y al fin, en lugar de negarse a uno mismo, se niega a Dios. Entonces, donde había entusiasmo y alegría, aparecen el aburrimiento y la tristeza mala…”.
Pues no, listillo. ¿Encantos de la vida mundana?: suena a “Manual de Urbanidad para señoritas”. Los encantos de la vida mundana los viví contigo, que allí se vive encantadoramente bien. No me fui ni para triunfar, a ver si te enteras, ni pata tener -tú sí que tienes y, además, no das nada gratis, que vas a cobrar hasta el agua bendita en los cursos de retiro, y que no gastas ni en bromas -. Ni me fui para ser egoísta -donde lo era, y mucho, era viviendo como un burgués en cualquiera de tus centros y casas de convivencia, que se vive que te cangas-. Ni abandoné para negar a Dios -tú lo niegas en este texto donde cuesta reconocer que el opus sea del mismo Dios que se supone que tú y yo tratamos. El Tuyo es Jehowa el Terrible.
Y de aburrimiento y tristeza mala, narices. ¡¡¡Joder con el dichoso rejalgar ya, hombre!!!.
¿Pero no te das cuenta de que así no puedes ir por la vida?. ¿De verdad que no lo ves?.
Mira, me he cogido tal rebote leyendo la carta de Don Álvaro que me voy a la calle a hacer una pintada y así me relajo, que es que me pierdooooo.

Publicado originalmente en OpusLibros.org
C.S. (España), 22-1-2003
Respondo al mensaje firmado por los “kuatro mosketeros” (los del colegio del Opus de Sevilla), del 20-01-2003.
Creo que es bueno que se corra la voz en vuestro colegio -y en todos los del Opus- de la existencia de esta web. Así conoceréis la verdad sobre esta secta.
Yo mismo fui del Opus y profesor de un colegio de la Obra durante 8 años. Y considero que es necesario que todos conozcan los medios que utiliza el Opus Pater para captar numerarios y agregados:
- Cómo se manipula la conciencia de chicos de 13, 14 y 15 años para que “piten” (pues, tal como me decía mi director en aquella época, “cómo va a pitar uno de 20 años, si tiene la conciencia ya formada; es más fácil ‘tratar’ a los de tu curso”).
- Cómo se le dice a uno de esa edad: “chico, tú tienes vocación, aunque no lo veas ahora” (la verdad es que muchas veces que lo dije, yo tampoco lo veía, pero bueno). Y cómo se lava la cabeza con aquello de “¿no querrás ser como el joven del Evangelio, a quien Jesús dijo ‘déjalo todo y sígueme’ y el joven no lo hizo y se fue triste…?” ¡¡¡Qué gran farsa!! Uno tiene que buscar la Verdad, tiene que buscar su vocación por sí mismo, uno tiene que ver su camino y no que se lo vean los demás por él.
- Cómo se presiona a los chicos para que “piten” mediante una estrategia perfectamente diseñada: lo que a mí me decían los chicos con los que trataba, se lo contaba a mi director en la “charla semanal”. Y éste, a su vez, lo exponía en el Consejo Local. ¡¡Vaya forma de manosear a las personas!! Y el Consejo diseñaba una estrategia individualizada para aplicar con aquel chico. Así pues, lo que yo le decía al chico, lo que el sacerdote le decía al chico en la confesión, y los mensajes subliminales que lanzaba el sacerdote en la meditación… todo estaba perfectamente organizado para el chico en cuestión pidiera su admisión en el Opus.
- Cómo, cuando entras, no te lo cuentan todo. Te lo van contando poco a poco para que no te empaches. “Como un plano inclinado…”, decíamos (y supongo que seguirán diciendo). Al principio, no te cuentan lo del extenuante Plan de Vida (o no te lo cuentan entero), tampoco te dicen lo del cilicio ni las disciplinas, ni el Índice de libros prohibidos, ni la ducha fría, ni el proselitismo agresivo que estás obligado a hacer y ha rendir cuentas periódicamente como si se tratara de la Cuenta de Explotación de una multinacional, ni la corrección fraterna (modo de conseguir un “estado policial”), ni el hecho de que cuando trabajes tendrás que dar a la Obra tu sueldo íntegro, ni tantas otras cosas…
- Cómo una vez dentro no puedes pensar por tí mismo: no busques la verdad, te dirán, la verdad ya la hemos encontrado nosotros, y está en las notas que llegan de Roma, en las Constituciones, en el Catecismo de la Obra, en las normas… Tú sólo mueve tu voluntad para hacer lo que el director te “sugiera”, pero no uses tu inteligencia. (Y las mujeres mucho menos, “vosotras no hace falta que seáis inteligentes, basta con que seáis discretas”, decía San Marqués de Peralta).
- Cómo una vez dentro debes obedecer y obedecer: te dirán que “tienes que ver la voluntad de Dios en aquello que te diga tu director”, “obedeciendo no te equivocarás nunca”, “es de mal espíritu contradecir al director”,…
- Cómo te dicen al principio que la Obra sólo obliga en lo relacionado con la vida espiritual de uno, pero no en temas profesionales, etc, etc, y que uno es libre para dedicarse a la profesión que desee. ¡¡ Mentira !! Te “sugerirán” cuál es el trabajo profesional que mejor les conviene que desarrolles (normalmente, profesor de un colegio del Opus). Y cómo debes hacerlo.
- Cómo te dicen que el Opus Dei es de Dios. Ese Monstruo que sólo engendra fanáticos no puede ser de Dios. No es de Dios.
- Cómo tu objetivo principal será hacer proselitismo (hacer que muchas personas entren en la Obra), en vez de hacer apostolado (hacer que muchas personas se acerquen a Dios). Pues para ellos la Obra y Dios son la misma cosa. Y cómo les importan un cuerno las injusticias sociales, y los marginados, y los pobres… “Nosotros somos probres”, te dirán. Pues menos mal que son pobres, porque si llegan a ser ricos… “La pobreza es estar desprendido de las cosas, pero no consiste en carecer de ellas”, dicen. Parece increíble que alguien pueda creerse eso en pleno siglo XXI.
- Cómo te presionarán para que no abandones la Obra. El fundador decía: “Hijos míos, sedme fieles”. ¡¡Sedme fieles a mí, decía, no a Dios ni a la Iglesia ni siquiera a la Obra, no, a él!! Y cómo te diran que la Gracia de Dios te llega a través del Padre, y si abandonas la Obra te separarás de esa fuente de Gracia, y te irás de cabeza al infierno. “Yo no doy un duro por el alma de un hijo mío que tira la vocación por la ventana”, decía el fundador. ¡¡Que gilipollez más grande!! La Gracia viene de Dios, y Dios no la delega, ni la transmite como si fuera un Administrador de una S.A. que delega en escritura pública sus funciones a un Apoderado.
- Cómo, si finalmente consigues irte -que no es fácil- lo pasarás fatal porque tendrás que adaptarte al mundo real (y eso que los de la Obra son “cristianos corrientes”: eso no se lo creen ni ellos). Si lees el libro de Mª Carmen Tapia, verás que cuando ella abandonó la Obra el sacerdote le aconsejó que se pusiera en manos de un buen psiquiatra.
He escrito estas líneas improvisando, de un tirón. Quizás las ideas están desordenadas. Así que, “kuatro mosketeros”, seguid leyendo esta web que explica mejor que yo la verdad sobre esa gran farsa que se llama, erróneamente, Opus Dei.