Archivos para Julio, 2007

El Opus Dei como enfermedad (y a veces mortal)

El Opus Dei como enfermedad (y a veces mortal)

Publicado originalmente en Opuslibros.org

E.B.E.

Hace unas semanas se cumplió el aniversario de la muerte de un numerario que aparentemente falleció de manera sorpresiva. Era una persona extraordinaria. Forma parte de mis mejores recuerdos de mis años en la Obra.

Este amigo sufría de ansiedad y canalizaba esa angustia por medio de las comidas, entre otras cosas (el alto nivel de actividad también lo mantenía alejado de su angustia). Si bien su alimentación no era la más adecuada, el origen de sus problemas de salud estaba en la ansiedad que padecía.

Debía controlar su dieta para no afectar, entre otras cosas, al corazón.

El mismo me contó que todo comenzó cuando se fue a vivir a otro país (mejor dicho, «lo mandaron»), donde estuvo muchos años hasta que no aguantó más. El se hubiera ido de esa ciudad mucho antes (en realidad, el problema no era precisamente la ciudad sino el vivir en centros de la Obra cada vez más parecidos «al Corazón de la Obra», Villa Tevere). Más aún, con insistencia pidió irse y sólo después de mucho luchar consiguió volver a su región de origen (y no estoy hablando de una persona pusilánime precisamente). De aquella región «lo devolvieron» con mucha ansiedad y depresión.

Recuerdo ahora un caso parecido, otro numerario que se encontraba muy deprimido y lo último que deseaba era tener como destino Villa Tevere (lugar estructurado por antonomasia), y sin embargo “por obediencia” allí fue a parar “por su bien”, lo cual destruyó más su salud hasta que “le permitieron” volver a su región de origen. Desconozco cómo sigue su salud, pero sé que fue empeorando al poco tiempo de regresar y no sé si ahora estará mejor. Por eso, cuando leo parte del kafkiano itinerario de Carmen Tapia por Villa Sacchetti, no me parece nada irreal, al contrario, se corresponde bastante con lo que sufrieron estos amigos. Pero vuelvo al primer caso.

Lo que sucedía es que los directores lo «necesitaban» para sacar adelante unos proyectos de la Obra y mientras no estuvieran terminados o bastante encaminados, «no podían dejarlo ir». Fue así de simple, así me lo contó él.

Lo más notable es que en ningún momento pensó que el problema era «la Obra» sino «la idiosincrasia del país» donde estaba y que todo se resolvería volviendo a su región de origen.

Volver no fue la solución. Durante mucho tiempo tuvo angustiantes pesadillas acerca de la región que había dejado, como si fuera inevitable retornar allí, lo cual se constituía luego en un verdadero tormento diurno. No sería extraño que padeciera una especie de estrés post traumático.

Que cada uno imagine, entonces, la razón de su angustia y ansiedad. Y lo notable es que varias veces le dijeron que «se quedara tranquilo», que eso no sucedería jamás. El quería «confiar», pero su inconsciente -como diría Serrat- «no confiaba en ella», en la Obra, en las palabras de sus directores. Y resultaba lógico: si anteriormente lo retuvieron contra su voluntad durante tantos años en una región donde no quería estar, ¿por qué razón, en lo más profundo de su ser, habría de confiar ahora? ¿Quién podría dar garantía alguna de «la palabra dada» por la Obra si en los más altos niveles fue forzado contra su voluntad? No había ninguna garantía moral, sólo la «necesidad» personal de creer que «eso» no volvería a suceder.

Había llegado a cuestionar a todos los directores que intervinieron en su caso, frenando su regreso. No tenía ningún problema con enfrentarse al prelado si fuera necesario. Pero jamás pensó en cuestionar a la Obra misma. Hasta ahí llegaban sus cuestionamientos.

Más tarde, él me dijo que ya estaba tranquilo, que no tenía esas pesadillas. Pero su ansiedad, seguía adelante. Y siguió hasta el último día.

Tengo entendido que «murió del corazón» ¿Pero de cuál de ellos, del alma o del cuerpo?

Me parece bastante razonable pensar que «su muerte natural» se debió a una alimentación que no le hacía bien a su salud, para compensar la angustia que sentía viviendo en la Obra.

El quería creer que el problema «estaba solucionado», pero su cuerpo y su inconsciente, por alguna razón, no pensaban de la misma manera. Necesitaba resolver la angustia y ansiedad que «había contraído» estando en el otro país y lo hacía de una manera que no le beneficiaba a su cuerpo. Pero, dentro de la Obra, posiblemente no veía otra «salida». Y salir de la Obra, era «la muerte». Un dilema mortal.

***

Desde el primer momento, más de uno que lo conocimos, pensamos que su muerte se debía al poco cuidado que la Obra había tenido respecto de la salud de este numerario, cosa que no hubiera sucedido en una verdadera familia. Pues en una familia el cuidado de las personas es fundamental, ya que todos son imprescindibles, nadie es un número, todos son irremplazables y cuando alguien desaparece, hay un profundo dolor. En la Obra, en cambio, no es así. Basta comprobar la ausencia de un verdadero “duelo”, tanto por las muertes como por las separaciones. Simplemente «se reemplazan unas piezas por otras».

Pero luego, pensando un poco más, concluí que era una pretensión absurda exigir que la Obra lo hubiera cuidado mejor.

A ella le convenía muchísimo que este numerario siguiera vivo, entre otras cosas por «lo útil» que le era. ¿Entonces? Por más que lo hubieran querido «cuidar», había algo que la Obra no podía hacer, porque no estaba «dispuesta a hacer» y era lograr su curación definitiva.

Seguramente lo querían «cuidar» y lo cuidaban mucho, pero «lo necesario» para «no exagerar», porque -paradójicamente- si se curaba, entonces dejaría de ser útil a la Obra y la Obra sólo estaba dispuesta a cuidarlo en la medida en que fuera útil a ella, que es lo que hicieron con él mientras estuvo en aquél país. Este es un «pattern» corporativo: la primacía de la eficacia y la utilidad.

La Obra podía «controlar» la enfermedad de este numerario, pero no estaba dispuesta a «pagar el costo» de su curación: reconocer dos cosas, que el problema era el sistema de vida de la Obra -según testimonio del propio interesado- y que la solución inmediata para este numerario estaba muy posiblemente «afuera» de la institución.

La tercera posibilidad era que la Obra reconociera que ella enferma a sus miembros. Y jamás iba a reconocer que «ella» fuera «el problema» de nada. La solución, entonces, no era cambiar de región sino salir de la Opus Dei.

Los miembros, o aprenden a convivir con la enfermedad de la Obra o necesitan separarse de ese «cuerpo de muerte».

***

Era una contradicción -por mi parte y la de quienes así lo creían- pretender el cuidado de la salud de alguien que vivía dentro de un sistema de vida insalubre en sí mismo. Y me di cuenta de que esa «pretensión» mía y de tantos otros, la habíamos «aprendido» de la Obra, era un planteo propiamente de alguien que «está adentro» y quiere, a la fuerza, hacer compatible lo incompatible. Es una muestra de cómo se pierde el sentido común cuando se piensa con las categorías mentales de la Obra.

Intentar que alguien resuelva su problema de salud dentro de un sistema insalubre, es una especie de tormento permanente. Esa «ayuda» (cfr. Flavia, “Los remedios de la Obra“) es peor que su ausencia, porque cierra las pocas posibilidades que hay de encontrar la solución. Se hace muy difícil salir de la Obra en estos casos, es una trampa total.

Pues posiblemente cualquiera que hubiera visto «desde fuera» esta situación -por la cual pasaba mi amigo-, se hubiera dado cuenta de que el problema era insoluble a menos que se cambiara de entorno.

Y mi amigo cambió de ciudad, pero no de entorno: seguía siendo el mismo. No era un problema de «región».

En parte, él estaba feliz en la Obra -su cuerpo no- porque con todas sus energías quería hacer posible el ideal que había abrazado un día, pero la Obra era otra cosa muy distinta a ese ideal: su cuerpo mostraba la inadecuación entre la Obra como idealidad y la Obra como realidad. No es extraño para mí pensar que su conciencia nunca podría soportar ver ese contraste y fue su cuerpo el encargado de recibir ese mensaje.

***

¿No podrían acaso, haberse encontrado soluciones intermedias? Pues este amigo realmente disfrutaba de la actividad apostólica que desarrollaba -que era auténtica- y muy probablemente hubiera sentido un vacío importante si cortaba drásticamente con la Obra, tal vez le hubiera perdido el sentido a la vida, no sé. Por algo se aferró tanto a la Obra, a costa de su vida.

Podrían haberse buscado soluciones intermedias, pero la Obra no estaba dispuesta a ello. La vida de l@s numerari@s y agregad@s es particularmente estructurada y no hay casi margen para la flexibilidad, porque así lo decidió su fundador, a quien se le atribuye la autoría de todo en la Obra.

Ahora bien, ya que no hay flexibilidad para vivir adentro, al menos debería haberla para abandonar la Obra, pues de alguna manera uno tiene que “respirar”, ya sea adentro o afuera.

Pues, no. Uno tiene que aguantar el no poder ir a respirar afuera y el no poder respirar adentro. Por eso se tienen «los días contados», a menos que se transformen los pulmones en unas branquias que puedan respirar el ambiente peculiar de la Obra. Es imposible permanecer sin mutar.

Por eso, la salida de la Obra es la única opción posible, que por supuesto no está contemplada como tal y, como no está contemplada, es por ello más que nunca la única solución posible dentro de un sistema tan intolerantemente cerrado.

Pero mi amigo no estaba dispuesto a irse, o al menos, no estaba «preparado» para ello, no podría soportar la salida de la Obra como condición para curarse -le parecería, paradójicamente, una contradicción-, prefería «aguantar» adentro hasta no poder más. Y es lo que, al parecer, sucedió.

***

Es muy probable que los directores no se hayan dado cuenta a tiempo de que este numerario estaba por “romperse”, pues el sistema de vida de la Obra les parece de lo más saludable y natural. Creo que yo nunca hubiera podido predecir que se estaba por morir en esos días, pero sí era evidente para mí -más aún, confirmado por sus propias palabras- que su problema se había originado a causa de la Obra y que, desde que había vuelto de aquella región, no estaba bien ni había encontrado solución a su problema de salud.

La Obra es responsable de lo que le sucedió, al menos por negligencia, pero también es posible pensar en una mayor responsabilidad aún si se analiza toda esta situación a partir de la doctrina que enseña la Obra sobre «la perseverancia» y la manipulación que ejerce en las conciencias hasta provocarles una verdadera opresión “en nombre de Dios”.

***

Paradójicamente, la exhortación a «morir en Casa» que el fundador repetía constantemente a los miembros de la Obra en nombre de la «fidelidad» se reveló, al menos en este caso, como un «emblema siniestro».

Podría decirse que esa exhortación llevó a este amigo a la muerte, pues para «vivir» él debía transgredir ese principio, lo cual, no podía hacer sin pagar graves consecuencias: ir al infierno, como lo enseño el fundador (cfr. La Obra como Revelación, la doctrina objetable, punto C).

¿Cómo ha podido suceder que una persona -en este caso, inteligentísima- estuviera dispuesta a morir antes que recuperar su salud fuera de la Obra? ¿Cómo puede ser? Posiblemente porque él creía no tener más opciones que las que le daba la Obra y la Obra no le daba opciones.

La explicación teórica está en la «espiritualidad» que predica la Obra y en sus consecuencias prácticas:

«Si el alma en circunstancias particulares necesita una medicación -por decirlo así- más cuidadosa, esto es, si se hace necesario el oportuno y rápido consejo, la dirección espiritual más intensa, no debe buscarla fuera de la Obra. Quien se comportara de otro modo, se apartaría voluntariamente del buen camino e iría hacia el abismo» (del fundador, meditaciones III, pág. 373-374).

Aun si el fundador se refiriera sólo al «ámbito religioso», esta doctrina no se salva de ser una completa aberración. Pero quienes estuvimos en la Obra sabemos que esta doctrina se aplicaba a la vida de l@s numerari@s y agregad@s en su totalidad. Por ejemplo, la solución a los problemas de salud psicológicos tampoco debía buscarse «fuera de la Obra» y quien así lo hiciera «iría hacia el abismo». De hecho, la mayor parte de las veces el psiquiatra solía y suele ser de la Obra, y si no, debía y debe ser «aprobado» por los directores.

Analizada, entonces, esta doctrina a la luz de los hechos concretos, de la vida práctica, ¿no debe acaso la Obra responder por las consecuencias de semejante doctrina, de la cual es autora?

Preguntémosles, si no, a sus familiares ¿qué opinarían si ellos hoy pudieran elegir entre su pariente muerto a causa de la «fidelidad a la Obra» y su pariente con vida pero fuera de la Obra, más si supieran que muy probablemente murió por no encontrar la solución a su problema de salud dentro de la Obra y porque la Obra «doctrinalmente» no le permitía ir afuera a buscarla?

Está claro que no se puede argumentar que «fue su voluntad» el quedarse en la Obra, pues los años que pasó en aquella región son una prueba explícita de cómo permaneció contra su voluntad, pues creía no tener otra opción. Esta creencia es la que impide a muchos salir del callejón sin salida en que se transforma la Obra.

Sus familiares no saben esto, ni tampoco que su pariente numerario tuvo que elegir entre «morir en Casa» o «ir al infierno», el abismo de la desgracia eterna al cual la Obra condena a todos aquellos que la abandonan, lo cual es un tramposo dilema. Si supieran que su pariente numerario estuvo sometido a esa presión -como le sucede a tantos-, que lo llevó a la muerte o lo que es lo mismo a no buscar la vida fuera de la Obra, decir que se pondrían furiosos es poco. Ni siquiera creo que conozcan la presión que sufrió para permanecer contra su voluntad en aquél otro país, no creo que lo sepan porque «de estas cosas» no está permitido hablar con la propia «familia de sangre» ya que son «unos extraños» para las «cosas de la Obra». Supondría una «traición grave».

***

Aunque sea un proceso muy difícil de demostrar (y tal vez finalmente sin éxito), existiría la posibilidad de que la Obra fuese enjuiciada por el fallecimiento de este y otros numerarios, al menos debido a la «ideología de muerte», que inculca en sus miembros hábitos autodestructivos, falsas opciones que les llevan a elegir la muerte (dentro de la Obra) antes que abandonar la Obra (la otra muerte, la Muerte Eterna), sometiendo sus conciencias a una gran presión. Muy lejos de la figura del mártir y más cerca de la experiencia sectaria.

Lo que le ocurrió a este numerario no fue «un accidente» sino una «consecuencia» que parece bastante lógica.

Por lo menos, fue una negligencia personal de algunos directores -por no prestar atención a las señales de ansiedad que durante años tuvo este numerario- y, luego, una consecuencia íntimamente ligada a una ideología y a un sistema de vida cuyo autor y promotor es la Obra, institución que, además, usa métodos coercitivos para inculcar esa ideología.

La Obra es la causa del deterioro de la salud de muchísimos de sus miembros, y no es extraño que lo fuera de la muerte de este amigo.

Pero un enjuiciamiento -en los casos de muerte- no es fácil porque -en el caso de los numerarios- se pierde mucho el contacto con las familias de origen, por lo cual quien al momento de su muerte «reclama por el difunto» es la Obra misma como «su familia directa» y por lo tanto nunca va a investigar nada. Y si «el difunto» nunca pudo hablar antes -ya que sería una «infidelidad»- con sus familiares acerca de sus problemas personales con la Obra, el silencio es completo. No se entera nadie («de afuera»).

Este «morir en casa» es resultado de una «trampa moral» (y a veces mortal), con la cual juega la Obra para retener a sus miembros (ya sea en la región que fuere) y ahí la inteligencia no lo es todo (como hace poco nos recordaba Jacinto). Es la conciencia la que se encuentra sometida y la inteligencia muchas veces no puede hacer nada.

***

No creo que los parientes de este amigo sepan lo que realmente le sucedió. Deben pensar que se trató de una «desgracia» y que fue «imprevisible».

Pero, por si hay algún caso semejante entre quienes leen OpusLibros, es bueno que los familiares de l@s numerari@s y agregad@s -especialmente de l@s numerari@s, ya que generalmente la familia no existe para ellos- que han sufrido infartos, se pregunten por las causas profundas de esos infartos. Espero que en muchos casos, los familiares puedan adelantarse y plantearse a fondo si la solución para los problemas de salud -psiquiátricos, psicológicos, del corazón, etc.- que hoy pudieran tener sus parientes miembros de la Obra, pensar si no se resolverían sacándolos del «sistema» de vida. El cómo hacerlo es otro asunto, pero al menos saber que el sistema muy probablemente sea el problema, ya es un avance importante.

Hace unos años el hermano de un numerario que pasaba por una profunda depresión, me preguntó con cierto tono de desconfianza: ¿lo están cuidando bien (en ese centro)? A lo cual yo no me animé a contestarle con lo que realmente pensaba: que en la Obra nunca podría encontrar la solución a su problema de salud.

Pero sí había un numerario, psiquiatra él, que en muchos casos no tenía problemas en dar ese pronóstico a numerarios que veía deprimidos e iban a su consulta. Por esa razón, los directores de la Obra le prohibieron, en adelante, seguir atendiendo numerarios, y en general los directores derivaban a esos pacientes a otro numerario psiquiatra que jamás «cuestionaba» a la Obra y «ayudaba a perseverar» con empastillamientos, toda una maniobra escandalosa y muy perversa, de la cual son responsables tanto los directores como ese psiquiatra. El otro psiquiatra, «buen samaritano», murió de un infarto, según me dijeron en la Obra, aunque desconozco cómo fue su proceso hacia ese final.

La Obra nunca reconocerá que su sistema de vida es -al menos para no pocas personas- insalubre en sí mismo y vivirá en permanente contradicción queriendo cuidar a sus miembros sin cambiar las causas que los llevan a enfermarse (sino todo lo contrario). La Obra jamás podrá cuidar a nadie cuya enfermedad es provocada por el hecho de vivir en la Obra. En todo caso, y si por alguna razón a la Obra le interesa, ella intentará «retrasar» el avance de la enfermedad, pero nunca traerá la curación, que en definitiva se encuentra afuera de la Obra.

Muchos somos los que logramos saltar «el Muro» y «sobrevivir a la Obra». A otros, sencillamente les resulta impensable y creen que la única opción que les queda es «morir en casa».

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LO INHUMANO Y ANTICRISTIANO DEL OPUS DEI: el maltrato a la persona

Foto de Antonio Petit Pérez, sacerdote, ex miembro del Opus Dei

Aunque no es un tema propiamente de la Delegación de Valladolid del Opus Dei, desde Opusvalladolid queremos hacernos eco de un drama y rendir homenaje a una persona. Un drama cuyo protagonista es el sacerdote Antonio Petit Pérez, que fue monstruosamente maltratado y vejado por las autoridades del Opus Dei: Javier Echevarría (el Prelado), Ramón Herrando (el Vicario de España), etc.

¿Es esto lo que el Opus Dei entiende por cristianismo?

Sabemos que la prelatura ha dado “su versión” pero como la VERDAD, tarde o temprano, sale a luz, se ha podido reconstruir con todo tipo de documentos gracias a sus amigos de dentro y de fuera de la Prelatura, qué es lo que sucedió con este sacerdote numerario del Opus Dei antes, durante y después de que pidiera la excardinación de la Prelatura.

Antonio Petit Pérez no fue una entelequia ni uno más de los muchos que desgraciadamente mueren sin poderles hacer justicia en contra de la versión oficial, que poco o nada tiene que ver con la realidad. La web oficial del Opus Dei no lo hará nunca ni tampoco “Romana” cuando habla de “sus difuntos” y menos aún serán capaces de decir la verdad en sus medios de de-formación: círculos, meditaciones, charlas, confidencia… La foto se la hicieron con un teléfono móvil (de ahí que la calidad no sea muy buena), el 17 de enero de 2007. Antonio Petit Pérez murió lejos de la Prelatura, muy cerca de Dios y de quienes también le querían, el 12 de febrero del mismo año. Descanse en paz, con cariño y agradecimiento.

La ¿diabólica? (sí, diabólica) actuación del Opus Dei para con Antonio Petit Pérez está relatada en los siguientes escritos, documentos y testimonios:

HOMENAJE A ANTONIO PETIT PEREZ, OPUS DEI

En homenaje al sacerdote Antonio Petit Pérez

El integrismo teológico del Opus Dei, sobre Antonio Petit Pérez

La historia inmoral del Opus Dei: Antonio Petit Pérez

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MI CAPTACIÓN POR EL OPUS DEI A LOS 15 AÑOS

Tenía 14 años en 1979 y había estudiado toda la vida en un colegio del Opus Dei.

MI CAPTACIÓN POR EL OPUS DEI A LOS 15 AÑOS

Testimonio de Isabel Nath, 10 de julio de 2006, recogido de opuslibros.org

Tal vez por haber estudiado en colegio de solo-chicas no tuve ninguna relación importante con ningún chico (hubo un ‘noviete’ que duro más bien poco…). A esas edades pienso que todos en general nos sentimos más a gusto con ‘los nuestros’, los de nuestro mismo sexo, pero si salvo primos y algún vecino no has tratado nunca con chicos todavía más. Te sientes más seguro de ti mismo rodeado de ‘semejantes’.

Fue en ese momento en el que empecé a frecuentar un centro del Opus Dei. Yo estudiaba en Guadalaviar desde que tenía 5 años, que es un colegio obra corporativa de la sección de mujeres del Opus Dei en Valencia (España). (Doy estos datos para que nadie tenga la tentación de pensar que me lo estoy inventando, pero realmente habría dado lo mismo que hubiese estado en cualquier otro colegio del Opus Dei…). Mis padres no eran del Opus Dei pero mi padre había frecuentado mucho la labor en Madrid durante sus años de universitario y tenía amigos y conocidos de mucho ‘pedigri’ en la Institución. Pero éramos una familia católica tradicional de clase media-alta y lo que aprendíamos en casa iba muy en consonancia con lo que nos enseñaban en el colegio, la verdad… Durante mi infancia e incluso adolescencia (hasta que me hice del Opus Dei), no noté ninguna incongruencia en lo que se nos enseñaba, porque yo en mi casa vivía lo mismo. Quiero dejar claro que yo fui muy feliz de niña en ese colegio, y que aprendí cosas que están en los cimientos de mi ser actual, por lo que estoy muy agradecida. Muy agradecida al Opus Dei, sí, habéis leído bien. Muy agradecida por eso, pero eso no les da carta blanca para todo lo demás que viene a continuación.

Como decía yo no me sentí presionada hasta que cumplí 14 años. En ese colegio al menos, y por lo que yo sé directamente, no se ‘trataba’ a las niñas ni se planteaba vocación alguna al Opus Dei. Eso sí, te ‘orientaban´hacia el club de bachilleres de turno, en el caso de Valencia el Club Diemal, en el que ya se encargaban de plantearte lo que hiciese falta. Se daba eso sí, la curiosa circunstancia de que en el colegio la dirección espiritual la llevaban sacerdotes generalmente numerarios, y siempre el ‘segundo sacerdote’ (no el director espiritual del colegio, quiero decir) era a la vez el sacerdote del club Diemal…

Bueno, pues yo empecé a los 11 años a tener dirección espiritual con el mencionado sacerdote, de iniciales O.F (sigue dentro). Todo muy bien. Yo tenía mucha confianza con él. Era un hombre muy inteligente y muy claro hablando, cosa que a mí, desde mi más tierna infancia ya me gustaba mucho (jeje). Así que nos entendíamos bien. Empecé a llevar un pequeño plan de vida (igual que otras muchas amigas de la clase). Pero más que una auténtica vida interior (esbozo siquiera), era una especie de ‘hacer normas’ y sentirte muy mayor y responsable por ello. Lo lamento si suena a falso, pero como lo pienso os lo cuento. Un detalle. Recuerdo que en aquel entonces las numerarias todavía llevaban velo en el oratorio, y en el ante oratorio del colegio había muchos velos para uso común, que nos encantaba ponernos porque nos sentíamos tan monas y tan especiales. Cuento estos detalles que parecen tontos para que veáis cual era el fondo del asunto y el ‘material humano’ con el que trataban. También rezábamos, claro, pero más oración vocal que oración de meditación, que de eso nunca se nos enseñó, al menos a mí.

En el caso de los chicos, como contaba Miguel, el sacerdote era como un amigo mucho más mayor que te hacía sentirte más adulto y sobre todo especial. He oído casos muy similares a las que narra Miguel. Para las chicas nada de eso. Pero el encandilamiento de un grupo de adolescentes que de ordinario no tratan con chicos ante un cura, tan listo, tan educado, tan……guapo en ocasiones, era más que evidente. Nadie se lleve las manos a la cabeza por favor, es algo normal y natural como la vida misma, y el que niegue que eso pasa miente, lo digo así de fuerte como suena. Por ese motivo, más que por un auténtico interés en la ascética pura y cruda, pasábamos una detrás de otra a hablar con el Don de turno. Y porque lo hacíamos en horas de clase, jeje…

Sí que es cierto que en la meditación semanal se nos hablaba de ser mejores, de amar a Dios, de hacer cosas concretas por El, de rezar, de vivir las virtudes humanas, de querer a nuestros padres, de generosidad, de lealtad, de honestidad, de sinceridad…. Y eso despertaba en cualquier alma completamente inocente y limpia a  esas edades, los más puros deseos de lo mejor. Hasta ahí no veo nada malo, al contrario. Lo malo empieza ahora.

Durante el verano, el mencionado club Diemal organizaba convivencias en turnos de 10 días a las que un numeroso grupo de compañeras de clase y otras alumnas del colegio se solían apuntar desde bastante pequeñas. Yo nunca fui porque nos íbamos fuera de Valencia los dos meses de verano y mis padres no vieron la necesidad de mandarme (ni yo la de ir…). Pero cuando cumplimos 14 años la cosa cambió, porque entonces ya nos propusieron ir de monitoras. Ah, amigo, ahí la cosa cambiaba mucho, porque eso de ir de monitora daba mucho caché, te hacía sentir mayor (objetivo importante a esa edad) y responsable (bueno, responsables ya éramos, pero digamos que era un reconocimiento a nuestros méritos). Así que junto con otras dos amigas de la clase poco dadas a ir a club alguno, nos apuntamos de monitoras 10 días. No sé quién nos lo propuso ni cómo contactamos con el club, pero no recuerdo haber ido por el centro para nada. Así que nos fuimos a Vich (creo que fue el único año que fueron allí) y nos unimos a otras niñas que estaban haciendo una convivencia de inglés (¿?¿¿) de un mes. En esa convivencia de inglés había de monitoras varias que acababan de pitar de nuestra clase del colegio y que nos recibieron con gran alborozo.

Siempre me pregunté qué les llevó a escoger a semejantes monitoras para aquella convivencia. Resulta que todas las monitoras éramos: mis dos amigas y yo, y otras tres niñas que venían como solía decirse casi ‘de los gentiles’. No me preguntéis qué hacían allí… Tendríais que haber visto sus caras cuando nos dijeron nada más llegar que al día siguiente era obligatorio levantarse para la Misa de las 7:30 am (en verano y cuando estábamos ‘de vacaciones’!…). Y que en pantalones cortos ni hablar. Y que al día siguiente mejor con una manguita más larga… A nosotras eso nos parecía normal, entre otras cosas porque 9 años de estudiar en ese colegio te daban un conocimiento de la parafernalia Opus Dei bastante extenso. Así que si empezamos así, imaginaros las charlitas de doctrina que podían prepararse estas almas de Dios (más majas que nada, pero estaban cual pulpo en un garaje las pobrecitas…). A los dos días decidieron las directoras de la convivencia que mejor disfrutasen de la estancia, que si no querían ir a Misa que no fuesen, y que las niñas de sus grupos se redistribuían entre las tres de Guadala (o sea, nosotras). Estuvo bien. Yo lo pasaba genial con las niñas, de unos 7-9 años, algunas hermanas de amigas mías. Las niñas pequeñas idolatran a las mayores, y nosotras íbamos creciéndonos por momentos. Hasta que llegó la numeraria de turno y me dijo, así cogiéndome del brazo como solo ellas saben hacerlo, que si no me habría planteado que Dios me estuviese llamando para ser numeraria al Opus Dei. Sin anestesia. A mí nadie jamás me había siquiera sugerido el tema, y huelga decir que Dios tampoco. O sea, que ni se pasaba por mi cabeza ni por mi corazón, y además no venía al caso, porque la que lo sugirió era una persona con la que nunca antes había hablado, qué sabría ella de mi posible vocación de nada…?.

Yo le dije que no, me cerré en banda y la conversación acabó regular. Todavía recuerdo lo sola y vulnerable que me sentí allí, a no sé cuantos Km de mis padres, con semejante tema a las espaldas. Estaba tan agobiada que no se lo dije ni a mi mejor amiga que estaba allí conmigo, sobre todo porque no me imaginaba que a ella también le habían dicho lo mismo. A los pocos días era el ecuador de la convivencia y vinieron los padres a vernos. Los de las tres, que además se conocían de antes. Y nada más verlos, tanto mi amiga como yo nos tiramos llorando en sus brazos. Llorando desconsoladamente. Mi padre se lo olía y me preguntó, y me tranquilizó, y me dijo que no dejase que me presionasen, que yo era muy joven para decidir esas cosas todavía, que tuviese paz, que él estaba allí y que no pasaba nada. Que me tranquilizase, me lo pasase bien el resto de los días, y luego a casa. Ahora que lo recuerdo y lo escribo después de tantos años todavía se me saltan las lágrimas. No porque me duela a estas alturas de la vida mi paso por el Opus Dei, sino porque lo veo desde fuera, como si aquella adolescente no fuese yo, pero sabiendo exactamente lo que sentía, y se me parte el corazón igual que se me parte cuando leo algunos de vuestros escritos por el mismo motivo.

Esto ocurrió el verano del 79. La convivencia acabó sin más sustos y volvimos a Valencia. A la vuelta del verano empezamos el curso de IIº BUP. El curso anterior ya habían pitado 4 numerarias en mi clase, casi al cumplir los 14,5, todas hijas de supernumerarios y con hermanos ya numerarios-as. Todas en la clase lo sabíamos y les huíamos materialmente, salvo a una que tenía mucho tirón como persona y la queríamos mucho. Esta era la única que podía hacer apostolado con nosotras, porque a las demás les era casi imposible… Seguimos con nuestra dirección espiritual y con nuestras normas de piedad. Ese año hubo compañeras de clase que siguiendo a esta numeraria de tirón empezaron a atender a charlas de formación en el club (al que el año anterior no querían ir porque las podían cazar). No sé qué las hizo cambiar de idea, pero iban. Gente muy valiosa, claro, la ‘aristocracia’. Allí asistían a la charlita y luego la numeraria que la daba las ‘cogía para hablar’. Aquello  tenía mucho morbo. Todas sabíamos que querían cazarnos para el Opus Dei, y todas contaban luego lo que les había dicho y lo que ellas habían contestado, etc. Daba como ‘nivel’ eso de que quisiesen cazarte… Os parecerá tonto (a mí ahora también me lo parece), pero era así. Haceros una idea de a qué mentes infantiles se les estaba proponiendo comprometerse con Dios como numerarias del Opus Dei para toda la vida…

Yo modestia aparte también fui invitada a asistir (será porque sacaba buenas notas) pero me negué durante varios meses (creo que me duraba el susto de la convivencia de verano). Pero justo antes de Navidad me di cuenta de que era la única del grupo de amigas que no iba, y ese pequeño detalle me estaba dejando completamente fuera de mi círculo de amistades, que para una adolescente es de capital importancia. Así que pensé, “qué me puede pasar si voy?, si me dicen que me haga del Opus les digo que no y punto”. Además estamos en Valencia, mi familia y mis amigas están cerca…. Total, que a la siguiente vez que me lo dijeron fui. Empezamos otras tres y yo una charla nueva porque la otra tenía ya overbooking total. Nos la daba la numeraria con más fama de cazadora de toda la ciudad: N. F. Empecé con las uñas por delante, pero me ablandé pronto porque ella era encantadora con nosotras, se interesaba por nuestras cosas, y era (esta sí) una amiga mayor que nos inspiraba mucha confianza y respeto. Empecé a hablar con ella de vida interior y a ampliar el plan de vida que ya traía. Yo recuerdo que me sentía feliz, porque tenía a Dios en el alma y eso da mucha paz y felicidad. A esas edades además estás con ganas de comerte el mundo, desbordas generosidad, ganas de hacer mucho y hacerlo bien, y no tienes salvo excepciones preocupaciones ni responsabilidades de consideración. Estás literalmente despertando a la vida. Digamos que tenía mucha sed y la sed se me saciaba, así que todo era perfecto. El sacerdote del colegio era el sacerdote del centro como ya he dicho, así que empecé a confesarme y hablar con el en el club. Todo sobre ruedas. Aquí también vivían numerarias que eran profesoras del colegio y que te trataban como hermanas mayores, con confianza y cariño, no como profesoras. Las que íbamos por el club teníamos como un status especial de facto en el colegio. Daba la sensación (………) de que todo el mundo en el colegio sabía que íbamos por el club. Ahora pienso cuántas cosas más sabrían…

El año 1980 se celebró el 50º Aniversario de la fundación de la sección de mujeres del Opus Dei, exactamente el 14 de febrero. Fiesta grande. En el colegio se organizaron un montón de actividades y eventos, comida especial, Misa solemne, fiesta todo el santo día. Guay. El día 13 de febrero teníamos la charla del club a la hora de comer (me estoy dando cuenta ahora de que a las que nos quedábamos a comer en el colegio no nos dejaban salir al mediodía a ningún sitio, pero a la charlita sí…), y a la salida NF me ‘cogió para hablar’. Y me planteó mi posible vocación de numeraria. Otra vez… Pero en esta ocasión fue distinto, no solo por mi personal proceso de maduración, sino porque NF era ‘mi amiga’, y eso lo cambiaba todo. Yo tenía confianza en ella, era más mayor que yo y se la veía ‘muy buena persona’. Sabía mucho de Dios y todo eso. Y además (eso yo todavía no lo sabía) era la persona más proselitista del mundo, con lo que había planteado lo mismito en centenares de ocasiones con un porcentaje de acierto en el tiro bestial. Y sabía muy bien cómo hacerlo. Contaba además con la información del sacerdote claro, eso yo ni me lo podía imaginar (no hablo aquí de violación del secreto de confesión que en este caso nunca lo percibí, sino de la confidencia con respecto a lo que alguien le cuenta al cura en la dirección espiritual). Me dijo que no me  agobiase, que me lo pensase, que ‘lo llevase a la oración’, que dijese ‘Señor que vea’, etc. Quiero remarcar que el ambiente que estábamos viviendo desde hacía semanas en el colegio y el club era de euforia espiritual absoluta por eso del 50ª aniversario. Podéis pensar que qué barbaridad e inmadurez dejarse influir por eso, pero tengo también la certeza de que muchos entendéis perfectamente lo que cuento. Y sí, que inmadurez; es que teníamos 15 años recién cumplidos!. Éramos muy inmaduras (y eso que pienso que era muchos más madura que la media, imaginaros el resto…).

Bueno, a lo que íbamos. Yo me fui a casa curiosamente bastante tranquila. Le empecé a dar vueltas al tema, e intentaba imaginarme a mí de numeraria. Con los datos que tenía de lo que era ser numeraria más o menos podía verme en ese papel. Pero es que tenía muy pocos datos. Tenía los datos que tienes por estar 11 años yendo a un colegio del Opus Dei, pero ya está. O sea, solo lo exterior y no todo. Por supuesto que ni me planteaba qué era hacerse mayor en el Opus Dei, ni qué problemas ni dificultades se me podían plantear. Eso ni me lo planteaba respecto a mi vida de adolescente normal y corriente, como me lo iba a plantear respecto a una vida que me era del todo ajena?.

El día siguiente la euforia se desbordó. Levitábamos todas a un palmo del suelo, hasta las más reacias a hacerlo. A la hora de comer había quedado con NF en el club para contarle qué había pensado al respecto, y allí me fui (yo, si digo que voy, voy). Hablamos y le dije que yo no veía nada. Ella me dio razones sobrenaturales de todo tipo, la más repetida de las cuales era que si miraba la progresión de mi vida, estaba claro que todo me conducía a pitar de numeraria, que era yo muy afortunada por ello y que debía dar ya gracias a Dios a la para que pedirle que me hiciese ver esa vocación de numeraria que me había dado desde que me creó, e incluso antes (literal). Me dio a leer un Noticias (publicación interna de la sección de mujeres del Opus Dei) sobre la entrega o algo así, no recuerdo, pero sé que luego me enteré que era el impulso definitivo cuando alguna incauta estaba a punto de pitar. Recuerdo que lo leí con mucha honestidad, con el corazón y la cabeza abiertos a lo que leía, porque si algo tenía claro es que yo quería hacer la voluntad de Dios. No por no condenarme, sino por agradarle.

Allí estuve en el oratorio (una imagen de la Virgen preciosa, por cierto) durante no sé cuanto tiempo pidiéndole a Dios que me hiciese ver si yo tenía vocación. Pero Dios ni pestañeó. A la salida me dijo que volviese a la salida del colegio, que había tertulia y no se qué. Volví. Fuimos todas. Me volvió a ‘coger para hablar’ (la tercera vez en menos de un día) e insiste en lo mismito, cada vez con artillería más pesada: que si la vocación no hay que verla, que si hay que tirarse en los brazos de la Virgen que ella nos cogerá, y aunque no tuviésemos vocación al Opus Dei, por ese acto generoso de entrega el Señor nos la daría (literal). Yo a esas alturas ya estaba confundida del todo. La razón me decía que aquello no tenía sentido, pero también sabía que a las cosas de Dios no siempre se les puede aplicar la pura razón, e imagínate si va y tiene razón y después de haber sido llamada desde toda la eternidad voy y digo que no, qué traición a Jesús que murió en la Cruz por mí. La verdad es que a mí no me amenazaron ahí ni nunca con condenas y fuego, porque no les hizo falta… Sé que lo hacen porque lo he oído directamente decir a terceras personas. A mí bastaba con hablarme de generosidad y correspondencia al Amor de Cristo y ya estaba todo arreglado.

Me sugirió ante mi empecinamiento pasar a hablar con don OF, y yo pensé que era una buena idea, porque el sacerdote no me iba a engañar… (…………….). Pasé, le expuse el tema con la claridad que me caracterizaba, y le pregunté ” a usted qué le parece?”. Y él me contestó (literal): “yo creo que tienes que salir de aquí, ir a dirección y decirle a MP (directora del centro) que quieres pedir la admisión ahora mismo como numeraria del Opus Dei”. Claro, a mí eso me dejó pegada al reclinatorio, porque la numeraria tira y pasa, pero es que además el sacerdote decía lo mismito!. Pobre ingenua… Así que volví al oratorio y me encaré con Dios y le dije que yo no veía nada, pero que parecía ser que yo  tenía vocación de numeraria del Opus Dei y que yo solo quería serle fiel a él, así que como resugerían esas personas tan sabias, iba a escribir la carta pidiendo la admisión. Y salí, NF me estaba esperando, le dije lo que me había dicho el cura y lo que yo había decidido, me acompañó a dirección donde por supuesto MP estaba al tanto de todo, y después de hablar con ella (por primera vez en mi vida) durante unos diez minutos, me dio unas cuartillas Galgo y una pluma y me dijo que pidiese la admisión al Padre (en aquel entonces Alvaro del Portillo). Y eso hice.

Nadie me explicó a qué me comprometía, que debía asumir, que tenía que hacer… Solo recuerdo que me dijo lo de que no podía casarme ni por lo tanto tener novio, que no podía llevar pantalones (que parece una chorrada, pero es que yo solo tenía 1 falda además de la del uniforme del colegio…), etc, etc. O sea, chorraditas varias. De los auténticos compromisos y renuncias nada de nada. Eso ya me fue goteando una vez dentro, cuando ya te trataban como un miembro de pleno derecho y ya nadie jamás consideró que pudieses plantearte que te habías precipitado al tomar la decisión, o que la hubieses tomado en un clima de euforia espiritual muy poco recomendable, etc, etc. Por supuesto nadie jamás me explicó que hasta que no haces la fidelidad no estás plenamente incorporada al Opus Dei y etc, sino al contrario: una vez pitas ya no hay vuelta atrás, es para siempre. Es como las que pitan en el UNIV. En el UNIV no se debería dejar pitar a nadie, porque es un clima artificial que te lleva por donde la vida real de todos los días no es. Pero pitan (o pitaban… A manta…).

Después de pitar todo el mundo que quedaba ya a esas horas en el club parecía saber que yo había pitado y me abrazaban y daban besos. Me sentí querida e importante. Todas hablaban de que era un regalo de nuestro Padre (el Fundador) en el día del 50º Aniversario (……………..).

Mi mejor amiga MCT pitó dos días después, el 16. Íbamos a la misma charla. Me dijeron que le dijese que había pitado para que ella se animase. Lo hice y se animó. Hoy sigue dentro, pero por razones obvias dejamos de ser amigas y perdimos la confianza necesaria para preguntarle a alguien qué demonios hace ahí… Nunca nos perdimos el cariño mutuo, y me dio la alegría de venir a mi boda (solo a la Misa, pero me emocionó mucho verla allí; sé que tuvo que luchar por ello).

Después de pitar empezaron los cambios bruscos: no amigas numerarias desde el primer día, no les digas nada a tus padres, porque los padres no comprenden a veces los planes de Dios y podrían intentar alejarte de tu vocación, que es tu tesoro, etc. Encargos en el club, charlas, medios de formación, plan de vida in crescendo… Tensión en la casa, porque tus padres notan que algo raro pasa. En el colegio bajó mucho mi rendimiento porque tenía la cabeza en otras movidas (demasiadas cosas nuevas, demasiado que asimilar), empeoraron mis notas siempre brillantes hasta el punto que me faltaron 15 centésimas para poder estudiar medicina, mi auténtica vocación. Para hacerlo debería permanecer en Valencia, y o bien hacer un año de otra carrera (biológicas, por ejemplo) y luego pasarme a medicina, o buscar enchufes, que los tenía y gordos. Pero ‘alguien’ decidió que la voluntad de Dios para mí era hacer el ce en Granada, así que mi vocación de medicina se fue a tomar vientos. A nadie le importaron mis súplicas y mis razonamientos. A Granada. Ya antes de esto, sugerí que me gustaría estudiar medicina en Pamplona; mi padre estaba dispuesto a pagarme los estudios (caros) allí. Pero dijeron que no. Por que?. Porque no. Punto. Y en casa tenemos que obedecer a las directoras que son la voz de Dios para cada uno. Así que omnia in bonum y a Granada. Ya en Granada las cosas fueron de mal en peor, porque yo me vi forzada a estudiar una carrera que no quería, biológicas. Sugerí hacer Magisterio y casi me muerden (mis padres también, porque yo era de ciencias ‘de toda la vida’ y les parecía que pasarme a Magisterio era por rebote al no poder hacer medicina). Total, que hice 3 años de biológicas, hasta que me echaron del Opus Dei. De ahí aquello que escribí cuando conté mi salida, que le dije a la directora la tarde de gloria: “ahora puedo estudiar lo que me dé la gana, así que voy a cambiar mi expediente a Valencia y voy a estudiar Historia”.

Al cabo de los años entendí que el hacer el centro de estudios fuera de Valencia era claramente para alejarme de la influencia de mi familia de sangre, sobre todo de mi madre. Pero nunca llegué a entender porqué no me dejaron ir a Pamplona, que está más lejos si cabe… Esto está sin embargo en consonancia con muchas decisiones que vi luego en los 3 años que viví en un centro, que con frecuencia se le da a la gente lo contrario de lo que quiere. Es decir, la que quiere ser administradora no le dejan, y a la que no quiere poco menos que la fuerzan a que lo sea. Lo comentábamos el otro día en el Chat y había más gente que estaba de acuerdo en que esto sucede así con frecuencia, no es que yo lo he soñado.

Sería todavía más tedioso seguir narrando los cinco años de mi vida como numeraria hasta que me dieron la patada, quizás en otra ocasión, porque tiene su qué.  Así que dejo mi relato aquí.

Al releer estas páginas pienso que a priori puede parecer un abundar en los detalles, y en temas y situaciones que ya han sido suficientemente tratados en esta Web. Pero lo voy a dejar como está porque pienso que es relevante esta información y el hecho de que mucha gente cuente su experiencia con este detalle para que se vea que las tácticas de captación que siguen son muy semejantes casi siempre, para que se vea que el proceso de captación está plagado de irregularidades desde el punto de vista del respeto a las personas, de la manipulación de adolescentes, de aprovecharse de momentos de euforia artificial para manipular los más nobles sentimientos de las personas, de la inmadurez y los planteamientos mentales de las personas captadas, que muestran tan a las claras la inconveniencia de tomar una decisión de esa importancia en ese momento.

Este escrito mío, como el de Miguel L. de hace un año, como tantos otros, si se leen a la par que el documento de Oráculo ‘La Técnica Sectaria del proselitismo del Opus Dei’, ayuda a ilustrar los despropósitos que allí se denuncian. Os sugiero que lo hagáis, es un ejercicio desagradable pero necesario. Sobre todo se lo sugiero a los que desde la jerarquía de la Iglesia Católica puedan entrar en esta Web. ¿Es que los adolescentes no son hijos de Dios?, ¿es que no son hijos de la Iglesia?. ¿Qué madre sabría cómo han tratado y tratan y van a seguir tratando a sus indefensos hijos adolescentes y no haría algo por evitarlo?.  Cuando mis padres se enteraron de que me había hecho del Opus Dei, mi hermano dejó de ir por el Club Collvert.

Solo quiero añadir que el relato de Miguel contiene muchas descripciones de situaciones, conductas y modos de pensar y plantearse las cosas que suscribo 100%. No he querido abundar en lo que él expone pero lo ratifico con mi experiencia.

Yo no necesito que me digáis si algo que he dicho no es cierto; me consta que todo lo es. Tampoco quiero saber si alguien más ha vivido algo semejante porque sé que muchos lo habéis hecho. Lo he escrito porque como Miguel hay gente que quiere saberlo y a la que le ayuda leer experiencias idénticas a las suyas para sentirse menos marcianos. Y lo escribo para dar testimonio de las aberraciones que el Opus dei puede llegar a cometer con adolescentes ingenuos supuestamente para cumplir la voluntad de Dios.

Por si os queda la duda, todo esto queda muy atrás en mi vida y no guardo el más mínimo rencor a nadie, ni a OF, ni a NF (que por cierto, me comentó una oreja amiga -un besote para ti- que salió hace tiempo), ni a MP, ni a tantos otros-as. Yo creo firme y profundamente en la Providencia divina y en que todo en esta vida ocurre para bien. Así que en su momento perdoné, seguí andando y soy desde hace muchísimo tiempo inmensamente feliz. Os lo deseo a todos.

Bueno, pues aquí lo dejo. Disculpad el rollo pero me ha parecido necesario.

Un saludo cariñoso para todos,

Isa Nath

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Sectaria captación de adeptos menores de edad en los Clubs del Opus Dei

Documento interno del Opus Dei:

 

27 PASOS PARA QUE PA [PIDA LA ADMISIÓN EN EL OPUS DEI] UNA AL MES

(Delegaciones de Madrid)

-Una chica que no conozca nada, en 6 meses pa

 

1.    Conocerla.

2.    Quedar para salir a hablar de pájaros y flores.

3.    Fomentar la amistad: deporte, excursiones, aprovechar planes divertidos que se monten desde el ctr [centro].

4.    Pisar el ctr.

5.    Empezar a estudiar en el ctr.

6.    Visita a los pobres.

7.    Encargo material o ayuda en el centro: hacer el turno, poner ornamentos, etc.

8.   Meditación.

9.   Traer alguna amiga por el ctr.

10.  Charla de formación, si es posible con amigas.

11.  Oración: enseñarle y quedar todos los días para hacerla, proporcionarle tema y siempre recoger lo que haya sacado.

12.  Dirección espiritual.

13.  Hablar todas las semanas: fijar día y hora.

14.  Círculo.

15.  Plan de vida I (10′ de oración, ángelus, visita, 3 días Misa).

16.  Curso de retiro.

17.  Plan de vida II (15′ de oración, ángelus, visita, Rosario, 3 días Misa).

18.  Convivencia de fin de semana.

19.  Libro sobre la Obra.

20.  Plan de vida III (20′ de oración, ángelus, Misa todos los días, visita y rosario).

21.  Película de nuestro Padre: devoción a nuestro Padre.

22.  Convencer al cl [Consejo local].

23.  Hablarle para pa [pedir admisión] y visita a los pobres de la Virgen, si no ha hecho.

24.  Conversación con la d [directora].

25.  Preparar conversaciones breves con el sacd [sacerdote]: que pase y le cuente lo que va viendo en la oración y sus propósitos.

26.  Romería para pedir luces.

27.  Carta.

***

Ver también:

La técnica sectaria del proselitismo en el Opus Dei

La trampa de la vocación al Opus Dei

La situación actual del Opus Dei en España

La decadencia del Opus Dei

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Proselitismo agresivo del Opus Dei: Club Juvenil Tempero, Valladolid

 ALBERTO MONCADA
Revista “El Siglo” – 6-IX-2004

La Iglesia Católica, que antaño llenaba de niños sus Seminarios, decidió no hace mucho que nadie podría entrar en religión antes de los dieciocho años. Es un precepto que acomoda la edad vocacional a la mayoría de edad civil. Es también un reconocimiento de que la vida se ha alargado y de que, ya que duramos hasta casi los ochenta años, no hay que tomar decisiones definitivas demasiado pronto. Algunos expertos sostienen incluso que los curas deberían ordenarse ya mayores y casados como en la primera Iglesia, de ahí la palabra presbítero, etimológicamente anciano, con las pasiones enfriadas y experiencia suficiente para aconsejar a los demás.

Sin embargo los directivos del Opus Dei piensan todo lo contrario y fomentan el que niños y niñas puedan ingresar en la organización a los catorce años y medio. La norma eclesiástica se elude nombrándoles aspirantes aunque ya desde el principio están moralmente comprometidos a una vida muy estricta de pobreza, castidad y obediencia. La decisión ha sido protestada por más de un obispo, como al difunto cardenal Hume de Londres que la prohibió en su diócesis, pero sigue vigente en la praxis opusdeista con la aprobación tácita del Vaticano.

La medida es fruto del fracaso proselitista del Opus en el mundo universitario y se beneficia de un cambio estratégico en la historia de la organización. Al principio Escrivá rechazó con vehemencia tener centros de enseñanza propios. Hoy es la principal actividad de la organización. Los colegios del Opus son elitistas, tienen una ideología ultraconservadora y no son mixtos. Pero, gracias a ellos, consiguen vocaciones. Confesores y profesores actúan de consuno para captar adeptos entre los alumnos, en una especie de olimpiada de pederastía espiritual que les llena de satisfacción. Lo que más ambiciona un miembro del Opus es conseguir reclutar a otros.

La organización mantiene una red paralela de clubs infantiles donde echan también la caña de pescar, un simil que utilizan los del Opus en sus canciones caseras, para conseguir que los niños muerdan el anzuelo.

Así lo cuenta Lala, una antigua encargada de club:

“Hace poco me he mudado de casa y entre los libros que metí en cajas aparecieron antiguas agendas personales de los últimos años que estuve en el opus dei. Lo más curioso es que apareció también, yo ni lo recordaba, un cuadernito de anillas donde tenía apuntadas cosas del club que yo llevaba junto con otras. Estábamos empezando con el club y teníamos un numero bastante majo de niñas de 8-9 a 14 años. El caso es que al mirar el cuadernito y ver lo que estaba escrito, me di cuenta de que todo estaba planeado, cómo captar la atención de las niñas para que fueran por el club, al principio solo por diversión (con fiestas, montar la casa del terror, festivales de canciones…), y poco a poco, mediante charlas de 10 minutos aproximadamente, irlas captando. Las niñas enseguida se encariñan con la típica monitora rubia, de ojos azules, que lo mismo toca la guitarra, el piano, da una clase o juega con ellas. Ese es el gancho. En este caso yo. El gancho para las niñas en esa edad es una chica joven de unos 18-20 años, mona, que les caiga bien, entonces ya tienen a quien querer parecerse de mayores, y no te cuento nada si la chica, después de tenerlas ensimismadas, les explica que ella ha entregado su corazón a Dios, y que si Dios te lo pide tienes que ser generosa.

Claro, a partir de ahí las niñas empiezan a preguntar como si fuera el descubrimiento del siglo, y a querer imitarte. Las de 14 enseguida desaparecieron del club pero las de 10, 11 siguieron. Cuando tenían 12 y 13 años estas mismas, ya se confesaban, hacían un ratito de oración, rezaban, en principio todo lo normal de una buena cristiana, pero claro con 12-13 añitos… ya se planteaban si Dios les pidiera algo más… ¿que pasaría? cuando lo normal es que una niña con 13 o 14 años esté pensando en fulanito o menganito.

Yo ni siquiera me había dado cuenta de semejante maquinación, porque cuando estás dentro lo que más deseas es que la gente se acerque a Dios como sea, en este caso a través de la Obra. En el cuadernito que encontré se reflejaba todo lo que comentábamos en las reuniones de las que llevábamos el club, con objetivos a conseguir con las niñas. Una de las paginas del cuadernito me llamó especialmente la atención . Fue la última página que escribí antes de dejar el opus dei. Hablaba sobre la amistad. Cada mes se hacía una cosa distinta. Ese mes todo tenia que ir dirigido a la amistad. El objetivo era hacernos amigas de las niñas y que las niñas creyeran de verdad que éramos sus mejores amigas. Claro, así te lo cuentan todo. Yo me negué a contar lo que me contaban las niñas, y esa semana me enteré de cosas que no sabía, de la contabilidad, por una reunión que tuvimos con la directora. Es decir, que a final de mes se mandan unos papelitos a las delegaciones del opus dei, desde cada centro, con el número más o menos exacto de la gente (en este caso niñas), que se ha confesado, que va a charlas, que viene por el club, que hace oración, posibles pitables (en el opus dei pitar es pedir la admisión)… y ese fue el ultimo día que yo estuve en el club”.

Los niños y niñas así reclutados entran en una burbuja ideológica y costumbrista, opaca, caracterizada por imposiciones y prohibiciones de todo tipo, desde la vigilancia de amistades y lecturas hasta la entrega de dinero y libertades civiles que se consuma cuando se van a vivir a casas de la organización y se convierten en servidores al detalle de una minuciosa reglamentación donde lo importante, más que la religión, es la disciplina. Es lo que caracteriza al Opus como secta según el estudio realizado por Sharon Classen, en la página web http://www.odan.org/.

Esta página, confeccionada por católicos norteamericanos preocupados por ese proselitismo de menores, ha publicado también una especie de manual preventivo para que los padres de los alumnos de colegios del Opus sepan a que atenerse.

Los católicos anglosajones, los norteños están más sensibilizados para denunciar los abusos contra la infancia que nosotros los latinos, los sureños. Ha sido en Norteamérica donde han empezado a quebrar diócesis por los pagos que los Tribunales han ordenado como indemnización a las víctimas de la pederastía eclesiástica que, sin duda, existe también entre nosotros pero con sordina incorporada.

Para los españoles el Opus es algo castizo, algo nuestro, como las corridas de toros o el botijo y nos hemos acostumbrado a él. La mayoría de los españoles conoce sus características sectarias pero muchas familias, no necesariamente conservadoras, les confían sus hijos asumiendo, en todo caso, que los niños españoles son lo suficientemente avispados como para no caer en esas trampas, como ocurre en la mayoría de los casos. Pero algunos que son atrapados de pequeños sufren mucho para librarse del lazo o terminan siendo unos adultos con problemas psicológicos graves.

Todavía no se denuncian estos hechos al Defensor del Menor. Al fin y al cabo que los niños de familias pudientes se hagan del Opus y sufran por serlo no es tan grave como esas otras tragedias infantiles del hambre o la violencia y el trabajo explotador de modo que la denuncia de la violación de derechos humanos al interior de Opus no forma parte todavía de los usos latinos.

En “La Cuarta Planta” (revista El Siglo, nº 605, Mayo 2004) he explicado la utilización de los recursos de la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra que hacen las autoridades del Opus ante el número creciente de enfermos mentales entre sus socios y que es reconducible al modo de vivir en esa burbuja en que se ha convertido la organización para sus miembros numerarios. Hombres y mujeres solteros viven en un estado que, en cierto sentido, se parece mucho a la indefensión infantil. En el libro Camino, manual opusdeista por antonomasia, hay un capítulo “Infancia espiritual” que resume la actitud que deben tener los socios respecto a sus superiores, basada en la lealtad y la rendición del propio juicio.

Ello produce esa infantilización del comportamiento que se percibe en tantos hombres y mujeres del Opus, algunos profesionales con años de trabajo pero que en el fondo de su corazón siguen siendo niños y han renunciado a comportarse como ciudadanos maduros que aciertan, se equivocan, gozan y sufren las consecuencias de las decisiones que toman libremente. La mayoría de los numerarios se dedican a trabajos internos pero los que ejercen una profesión civil tienen que subordinarla a la observancia de las instrucciones internas, especialmente en cuestiones morales.

En el fondo de las convicciones morales de los hombres y mujeres del Opus habita ese infantilismo, que puede afectar a sus familiares, a sus subordinados y, eventualmente, a la sociedad en su conjunto. Porque el infantilismo favorece el autoritarismo, la solución de los problemas desde arriba, por un líder indiscutido que muchas veces usa el símil del padre para afirmar su poder. Es la traslación del modelo patriarcal a la vida pública. A las gentes del Opus no les gustan demasiado las reglas de la democracia cuando no favorecen sus puntos de vista. Por eso al Opus le ha ido tan bien en las dictaduras católicas, Franco, Pinochet, Videla.

“Menos mal que ya no tienen el Boletín Oficial del Estado”, comenta con sorna un funcionario jubilado que se acuerda de los tiempos en que gentes del Opus eran ministros de Franco. “Aún recuerdo cuando en los años sesenta se empezaba a hablar en el Ministerio de Justicia de volver a legalizar el divorcio, y cómo ministros como López Rodó, Ullastres, López Bravo se enfadaban muchísimo y decían que eso se haría por encima de sus cadáveres”.

Pero el infantilismo moral de la gente del Opus está en la misma onda de esas nuevas organizaciones, los Kikos, los Legionarios de Cristo, fundamentalistas como ellos y que, como ellos, tienen el favor del Papa. La Curia Vaticana, en pleno fervor ultramontano, ha redoblado sus esfuerzos en la condena de las libertades privadas que se van abriendo paso en la legislación civil, la regulación de la interrupción del embarazo, las uniones homosexuales y hasta se ha llegado recientemente a proclamar desde Roma que el papel de la mujer es primordialmente doméstico. Parece que al haber perdido la Iglesia la batalla de la confesionalidad del Estado, intensifica su indoctrinación sobre la vida privada, especialmente la sexual. Privilegiar la moralidad sexual es una vieja tradición católica y una afición predilecta del apostolado opusdeista. Las prohibiciones, recomendaciones, cautelas que sobre la materia se hacen a los numerarios constituyen parte importante de su educación moral.

Un antiguo socio sostiene que hay tantos preceptos sobre la materia que tapan el resto de las opciones morales sobre la vida profesional, civil, laboral, etc porque, en último término, “si tienes la cabeza llena de esa obsesión con el sexo que, además, no practicas, no estás para muchas más moralidades”.

Una reciente encuesta realizada entre antiguos miembros del Opus (publicada en www.opuslibros.com) prueba que el porcentaje de abandonos de la organización es mucho más alto entre los que entran de niños de modo que incluso por razones prácticas las autoridades opusdeistas deberían abandonar esa recluta infantil, escasamente compatible con el respeto a los derechos humanos. Pero, si lo hacen, si abandonan la pederastía espiritual, tendrán que esforzarse más porque a medida que los niños se transforman en adultos, no se dejan comer el coco tan fácilmente. Pero ese cambio es difícil. Como explica Steve Hassan en su libro sobre las sectas, sus jefes son muy elementales, apenas tienen sentido crítico y van a lo suyo tratando de hacer opacos sus procedimientos porque creen que están en la verdad.

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El Opus Dei incluido en estudios sobre Sectas Destructivas

Estudio sobre Sectas Destructivas y Grupos de Riesgo elaborado por Eloy Rodríguez Valdés.  

Investigación Clínica sobre la influencia negativa de las Sectas religiosas destructivas en la sexualidad de sus ex adeptos, por Eloy Rodríguez Valdés.  XIII Congreso Mundial de Sexología. Valencia, España, 25-29 Junio l997.

***

Eloy Rodríguez-Valdés, es Psicólogo - Sexólogo. Su trayectoria profesional y especialización está enfocada en tres direcciones. La primera hacia la sexualidad en general, la segunda hacia los adolescentes, y la tercera hacia el fenómeno de las sectas religiosas destructivas. Es uno de los mayores expertos españoles reconocidos sobre éste último tema.

Respecto a las áreas en las que ejerce su profesión, abarcan los cuatro siguientes ámbitos: a) Ámbito clínico: Psicología-Sexología clínica (Orientación, tratamiento, apoyo, ayuda, etc.). b) Ámbito investigativo: Investigación sobre sexualidad, adolescencia y sectas religiosas destructivas. c) Ámbito educativo: Desarrollo de planes de información sexual, cursos, seminarios, conferencias, etc. d) Ámbito divulgativo: Radio, TV, prensa, conferencias, charlas, etc.

Ha participado en numerosos Congresos, Simposiums y Jornadas nacionales, internacionales y mundiales sobre a) Sexualidad, b) Adolescencia y c) Sectas Religiosas Destructivas destacando, entre otros, los siguientes:

a)   II Simposium Nacional de Sexología (Barcelona, España, 1985)

b)  I Congreso Nacional de Sexología (Madrid, España, 1985)

c)   III Jornadas Madrileñas de Pedagogía Sexual (Madrid, España, 1986)

d)  II Congreso Nacional de Sexología (Madrid, España, 1987)

e)  III Congreso Nacional de Sexología (Madrid, España, 1989)

f)   IX Congreso Mundial de Sexología (Caracas, Venezuela, 1989)

g)   I Semana de Información Jóven (Las Palmas, España, 1990)

h)   I Jornadas sobre Sexualidad (Tenerife, España, 1990)

I)   I Congreso Internacional Familia y Sociedad (Tenerife, España, 1990)

i)    II Jornadas sobre Sexualidad (Tenerife, España, 1991)

j)    IV Congreso Nacional de Sexología (Madrid, España, 1991)

k)   Congreso Iberoamericano de Psicología (Madrid, España, 1992)

l)    XI Congreso Mundial de Sexología (Río de Janeiro, Brasil, 1993)

m)  II Congreso Internacional Familia y Sociedad (Tenerife, España, 1994)

n)  XI Simposium de Medicina Familia (Caracas, Venezuela, 1995)

ñ) XIII Congreso Mundial de sexología (Valencia, España, 1997)

o) Congreso Mundial “Violencia 98″ (Caracas, Venezuela, 1998).

Fue el primer profesional que desarrolló y aplicó en Canarias, por primera vez y a nivel de las Enseñanzas Medias la introducción de la Información Sexual en el ámbito educativo. En una primera fase a través de conferencias, seminarios y cursos, mientras en otra segunda y posterior fase a través del aspecto investigativo, dando como resultado la creación y puesta en práctica de un plan de Información Sexual para su aplicación en las Enseñanzas Medias.

Premio Nacional del Ministerio de Asuntos Sociales (Instituto de la Juventud), en el año 1989, por una serie de programas sobre la Información Sexual en la enseñanza.

Desde el año 1984 lleva impartidas más de 500 conferencias, charlas, seminarios, cursos y talleres sobre los temas de su especialidad. Asimismo, ha publicado más de 250 artículos en periódicos, revistas y revistas especializadas, tanto sobre sus tres temas de especialización, como sobre otros temas de psicología.

Lleva más de trece años colaborando con varias emisoras de radio y televisión en las cuales, desde una perspectiva mayormente divulgativa ha realizado más 400 programas sobre temas de su especialidad.

Hasta el momento lleva realizadas y dirigidas más de ocho investigaciones sobre Sexualidad, Adolescencia y Sectas Religiosas Destructivas que han sido presentadas a numerosos Congresos internacionales y mundiales.

Terminó de realizar y dirigir dos trabajos más de investigación que fueron llevados al XIII Congreso Mundial de Sexología que se celebró en 1997 en Valencia (España). El primer trabajo de investigación fue sobre la influencia en la sexualidad de adeptos que han estado en Sectas Religiosas Destructivas, mientras el segundo trabajo consistió en el estudio de las actitudes comportamientos y conocimientos sexuales de adolescentes escolarizados de diferentes lugares geográficos distantes tales como España, Venezuela, Uruguay, Paraguay, Perú, y Argentina.

Desde hace años tiene un programa semanal sobre Sexualidad, Sectas Destructivas y temas psicosociales, en Radio Isla Tenerife de Santa Cruz de Tenerife (España).

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La trampa de la vocación al Opus Dei

“El Opus, dice Pániker (Raimundo Pániker entró en la Obra en 1939 y se marchó en 1966. Fue ordenado sacerdote en la segunda promoción, es decir, al año siguiente que los “tres primeros”), quiere salvar al mundo de sí mismo en nombre de Dios, pero según sus propias condiciones. Las condiciones del Opus, por supuesto, son idénticas a las de su fundador. Toda gracia que conduce a la salvación llega a los miembros del Opus Dei a través de su fundador. A través de la gracia del fundador eres lo que eres. De ahí los traumas que sufren los que se salen. Demasiado a menudo creen, y los miembros del Opus lo piensan así, que al separarse de esta fuente de gracia se ponen a sí mismos fuera de esta institución de inspiración divina e inalterablemente perfecta, y están destinados a condenarse eternamente. “El demonio actúa rápidamente -le dijo Janet Gould a su madre cuando le explicaba por qué no podía abandonar por un corto período la residencia del Opus para ir a casa de visita- y lo hará si me marcho de aqui. (Citado en el “Catholic Pictorial”, 13 de septiembre de 1981. La señorita Gould ya ha dejado el Opus). El impacto sobre los miembros del Opus es predecible. Se les separa tempranamente de su familia natural. Se les enseña a creer que la salvación es imposible, ahora que son miembros del Opus Dei, sino sólo a través de la organización en la que han ingresado. Suple su vida familiar, su medio ambiente, al menos en todo lo que no sea actividad profesional y, en muchos casos, especialmente para las mujeres, también ésta. Cuando están desengañados, por tanto, el impacto emocional es aplastante. Los que quieren marcharse no tienen a nadie a quién recurrir, nadie, fuera del Opus, con quien establecer una relación lo suficientemente estrecha como para que puedan confiar en ellos. Y también han sido educados en la creencia de que al romper sus lazos están cometiendo el pecado más infame. La salvación es transmitida a través del Opus. Sin el Opus, el antiguo numerario está condenado”. (Recogido por Michael Walsh, El mundo secreto del Opus Dei).

 

La vida, fuera de la Obra, tiene sus sinsabores y sus alegrías, es la vida misma, la de cualquier persona en medio de este mundo, sin privilegios, sin mamparas de cristal, pero sin otro sometimiento que no sea lo que tú quieras hacer, ser, pensar, y sobre todo ¡vivir y respirar! En la Obra empequeñecen a Dios y le hacen cómplice de una increíble tela de araña para tenernos bien aferrados con frases tan engañosas como “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave” (Escrivá). ¡Ahí está la trampa! Míralo de la siguiente forma:

Para Escrivá, irse de su obra es igual a… ¡romper la unión con Dios! (¿Cuánta soberbia se necesita para hacer una afirmación semejante?). Irse de la Obra no es abandonar la Iglesia ni dar la espalda a Dios, porque la Obra no es la Iglesia y la verdadera Obra de Dios es Jesucristo.

En primer lugar, tu vocación se le inventaron, “la vieron” ellos, pero tú fuiste captado por un proceso de “enamoramiento” o de atracción o de coacción (recuerda cómo entraste a la Obra). Aún así, si hubieras tenido vocación -¿acaso podrías elegir tener vocación de “supernumerario a los 14, 15, 16, 17 ó 18 años?,¡No!- tenías vocación de numerario/a porque el/ella -junto al sacerdote de la obra con el que te confesabas- “lo habían visto en la oración” o de agregado/a si tu nivel social o tu educación, tus peculiaridades e incluso tu físico no era el deseado, o de numeraria auxiliar, si te sacaban de un pueblo, sin estudios, de clase humilde, de donde “unas señoritas” te llevaban a la capital a “estudiar”, a “formarte” (con la tranquilidad que les quedaba a tus padres porque ibas a labrarte un futuro mejor).

Se inventaron tu vocación e involucraron a Dios haciéndote creer que Él era el que te pedía “eso”. Y tú acabaste por aceptarlo “Dómine, ut videam!”, “No querrás ser como el joven rico del Evangelio al que Jesús le dijo ’sígueme’ y al no hacerlo se quedó triste”… y tantas frases parecidas.

En cualquier caso, no seguir en una organización no es ser infiel, es una elección y la vida está llena de ellas. Imagínate que has firmado un contrato para trabajar en una empresa y cuando llevas un tiempo allí, ves que no tiene nada que ver con lo que te dijeron que era. No te gustan sus métodos de trabajo, ni te convencen sus objetivos, ni te sientes a gusto. Si decides rescindir el contrato y buscar un sitio mejor donde corra el aire, ningún estatuto ni ninguna rama de ningún Derecho, ni el sentido común tipificarían tu caso como “el del empleado infiel que quiere romper su relación con Dios”.

Imagina que estás casada con una persona que te maltrata y llevas años aguantando la situación. Si te atrevieras a plantarle cara, a denunciarle y a marcharte de su lado, ¿alguien podría acusarte de que si le abandonas, estas siendo infiel? Y si por ende, alguien te dijera que además de serle infiel, lo grave es que has roto tu relación con Dios, ¿estaría en su sano juicio quien así intentara convencerte de que siguieras aguantando? ¿Crees que Dios querría que siguieras soportando los malos tratos y que no te defendieras?

Piensa por un momento en las personas que se asocian o ingresan en alguna institución religiosa. Si en un momento de su vida creen y tienen la seguridad de que eso que eligieron ya no es lo que quieren, o ya no les vale, o creen que su evolución espiritual les ha conducido por otros derroteros, con la misma libertad que entraron (libertad que tú no tuviste), se marchan. Y no pasa nada, no son infieles a Dios porque a Dios se le puede servir de muchas maneras (más que servir, Dios prefiere que le quieras) y Dios sigue siendo Dios y tú sigues siendo tú y no se rompe nada, no hay infidelidad. Recuerda la frase del Padre para que no se nos olvide lo incongruente y sibilina que es: “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave”.

Para el fundador, la “infidelidad” es irse de la Obra; da igual en qué condiciones ni por qué motivos. No respeta tu libertad, no admite que pienses por libre, no acepta que seas persona ni que seas tú mismo. Y se atreve, además, a utilizar a Dios para su propia conveniencia. Por eso equipara “infidelidad” a “romper la unión con Dios” y te hace creer que si te vas de la Obra “le traicionas como otro Judas“. ¿Cómo puede alguien pensar en su sano juicio que no admitir, no entender, no poder compaginar la teoría con la práctica del espíritu del Opus Dei, después de haberlo intentado muchas veces, es “romper la unión con Dios”? ¡Si sólo es una cuestión de salud mental! La idea de Dios tiene tan poco que ver con la desolación, con la amargura, con la tristeza, con la sinrazón, con la falta de caridad, que si Dios pudiera hablar por su propia boca te diría que Él no tiene nada que ver con el Opus Dei, que no son sus métodos, que te quiere igual dentro que fuera y, sobre todo, que no es sectario y que no se inventa organizaciones en las que el que está dentro acaba buscando razones para morir y no razones para vivir.

Irse de la Obra no es “romper la unión con Dios” ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? ¡Qué burda manipulación y qué fácil de desmontar! Pero, es cierto y te damos toda la razón, sólo te das cuenta de que te han manipulado o de que lo están haciendo, cuando estás fuera o estás casi a punto de irte porque tu salud psíquica y física ya no pueden más. Rizando el rizo, si te sirve una situación que no es la tuya pero que podrían haberte influído tanto que te sintieras una mala persona por haberte ido o quererte ir del Opus Dei, recuerda este pasaje del Evangelio: “Mujer, ¿acaso alguien te ha condenado? Yo tampoco. ¡Vete en paz!“.

Y desde el punto de vista jurídico, la salida de la Obra está perfectamente legitimada en los Estatutos de la Prelatura.

Te aconsejamos que leas el capítulo III del libro de Maria del Carmen Tapia: “Crisis vocacional“. Te dará “luces” para recordarte o para que sepas cómo se utiliza el tema de la vocación en el Opus Dei. Con una explicación teológica y filosófica te lo aclarará también Antonio Ruíz Retegui, teólogo y sacerdote numerario del Opus Dei en su capítulo El sentido de la perseverancia de sus reflexiones íntimas “Lo teologal y lo institucional“. Un ex sacerdote numerario te ayudará también con su testimonio Decisión difícil, igual que puede hacerlo el escrito La vocación al Opus Dei no existe y sobre el bautismo. Lee también las reflexiones, a la luz del Evangelio, del relato del joven rico, Carta a una recién ‘pitada’ con dudas, La técnica sectaria del proselitismo del Opus Dei.

Y para ver la coacción en los argumentos que se emplean para asignarte una vocación, lee -y házsela leer a tus padres- la charla sobre la vocación del círculo. Si estás yendo a círculos, tarde o temprano te dirán eso, para que “pites”. Y para comprobar la falsedad de sus actuaciones y la frialdad de sus métodos sectarios, lee los 27 pasos para que “pite” una numeraria al mes, un documento interno del Opus Dei donde se marcan las pautas del proceso de captación y de “enamoramiento” al que te someterán si estás bajo su influencia. No caigas en la trampa.

Como declaró Antonio Pérez Tenessa*: “Una vez liberado del trauma que deja la Obra, repito literalmente contigo: Yo, por mi parte, puedo seguir asegurando que no he llegado a echar de menos ninguno de sus cuidados, de sus charlas, de sus consejos, de sus diálogos, de sus apostolados, nada. Porque era eso precisamente lo que costaba y me repelía por contradictorio. (Recogido por María Angustias Moreno en su libro, El Opus Dei, anexo a una historia).

*Antonio Pérez Tenessa pidió la admisión en el Opus Dei en 1939, fue ordenado sacerdote en 1948. Desde 1950 desarrolló el cargo de Secretario General del Opus Dei y en 1956 fue nombrado Consiliario Regional de España (cargo equivalente al actual Vicario Regional). En 1965 abandonó la institución. En 1992 publicó un artículo en el diario español “El País” titulado: “No hablaré mal de la Obra.

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